José Joaquín Quadra C.
Al acercarse las fiestas de Santo Domingo recuerdo una magistral caricatura de Manuel Guillén: la del palo lucio. Esa caricatura rememora un acontecimiento histórico ocurrido en Europa hace algunos años. Una asociación de periodistas abrió un concurso para premiar la mejor caricatura que interpretara el sentir y actuar de los pueblos de Inglaterra, Francia y España. Se presentaron muchos concursantes, pero el ganador fue precisamente uno que usó el conocido juego del palo lucio para lograr su cometido.
La caricatura presentaba tres cuadros. En el primero un inglés subiendo esforzadamente para lograr el premio ubicado en la cima del árbol. El pueblo mira fríamente y con los brazos cruzados a su conciudadano.
En el segundo cuadro el francés sube rodeado por su pueblo que lo anima con hurras y cantos para que alcance el premio.
Finalmente, en el tercer cuadro aparece el español, quien con gran alboroto va queriendo vencer la grasa y subir a la punta, en tanto el pueblo que le rodea se le acerca para halarlo de los pies y hacerle más difícil la ascensión.
La lección que me quiso dar quien me contó esta anécdota es el modo de ser de los nicaragüenses que llevamos en nuestras venas esa sangre española. Así, en la caricatura de Manuel Guillén podemos apreciar al Presidente de la República, escogido para subir al palo, llegar a la cima y lograr el premio que es el mejoramiento del pueblo. En tanto, los haladores de pie engrasan con brochas el palo.
Sólo falta preguntarse a quiénes más agregaríamos en esa tarea de entorpecer el camino al éxito. Desgraciadamente el que al final sale embadurnado es el pueblo.