Edgard Rodríguez C.
Aún cuando su crudeza sin matices, que por instantes podría parecer más arrogancia que franqueza, puede prestarse a interpretaciones y tergiversaciones diversas, hay algo en lo que todos coincidimos: nadie ha hecho más que Denis Martínez por nuestro beisbol.
A través de su historia, Nicaragua ha tenido dirigentes de envergadura, que incluso han llegado a ocupar puestos de dirección del beisbol amateur como Chale Pereira y Carlos García, pero quien nos situó en la geografía mundial del juego, ha sido Martínez.
Y su momento cumbre fue su Juego Perfecto, bordado un día como hoy, pero de 1991, ante los Dodgers. Ese día, Denis alcanzó la excelencia desde el montículo con una obra monumental que aseguró su perdurabilidad en el tiempo y en el sentimiento popular.
Pero desde antes, Martínez ya tiraba un Juego Perfecto con su ejemplo, al escapar de sus problemas con el alcohol que llevaron al borde del colapso no sólo su carrera, sino su vida misma. Y se levantó para bañar de orgullo a una nación agobiada por los fracasos.
El Perfecto de Martínez ante los Dodgers, es para mí, la obra cumbre de cualquier atleta producido por nuestro país. Más que un título mundial de boxeo. Y no me refiero a una trayectoria ni a la popularidad que podrías haber conseguido. Hablo del hecho en sí.
Ninguna otra gesta, tiene un grado de dificultad tan extremo como un Juego Perfecto. Y Denis fue capaz de cabalgar sin pausas en medio de la asfixiante presión que implica no tener margen para el error. Simplemente, estuvo perfecto y alcanzó la cúspide.
Por esa razón, doña Violeta Barrios de Chamorro, estableció mediante un decreto, el 28 de julio, como el día del deportista nacional, detalle que conmemora un hecho de gran trascendencia, pero que nunca ha significado un compromiso real para con el deporte.
De modo que hoy es el día de Alexis, Rosendo, Mayorga, Benard, Padilla y tantos otros atletas que han hecho un enorme aporte a nuestra historia, y qué mejor que celebrarlo el día del Juego Perfecto, forjado por el lanzador de pelos tan tercos como sus posiciones.