¿Tradición o salvajismo?

Manuel Esquivel En el día de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, en muchas comarcas, valles, pueblos y caseríos se celebra la fiesta con un toque muy particular, que consiste en arrancarle la cabeza a un pato, un gallo o a un chompipe. Esta tradición persiste en San Gabriel, comarca de Las […]

Manuel Esquivel

En el día de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, en muchas comarcas, valles, pueblos y caseríos se celebra la fiesta con un toque muy particular, que consiste en arrancarle la cabeza a un pato, un gallo o a un chompipe.

Esta tradición persiste en San Gabriel, comarca de Las Banderas, en la casa del niño Pablo Reyes.

Los vecinos, amigos y familiares se reúnen cuando el pariente celebra el día de su santo o cumpleaños. Llegan montados o a pie para emprenderla contra la cabeza del pato y a participar en otras actividades como las carreras de caballos.

Arrancarle la cabeza al pato es una competencia en la que participan sólo montados, para poder alcanzar al ave, cuya cabeza pende de un mecate a unos tres metros de altura. Los competidores pasan a velocidad, tirando de la cabeza del ave, hasta desprenderla.

Uno de los participantes relató: “Esto lo hacemos para divertirnos y para recordar a esos dos grandes santos, San Pedro y San Pablo, aunque hay gente que pudiera criticarnos, pero es una tradición del pueblo”.

En San Juan de Oriente, Masaya, también se practica este juego sangriento, para recordar la decapitación de Juan el Bautista, lo que está asociado al sincretismo religioso.

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