Jorge Eduardo ArellanoSecretario / AGHN
Acontecida el 16 de julio de 1927, la batalla de Ocotal fue la segunda del continente americano (y probablemente del planeta), en la cual se realizó un ataque aéreo. La primera había tenido de resultado, en parte, el incendio de Chinandega —otra ciudad de Nicaragua— que ejecutaron, en el contexto de la guerra civil entre liberales y conservadores, dos pilotos mercenarios estadounidenses (Brooks y Mason) el 7 de febrero del mismo año de 1927.
Al servicio del presidente conservador Adolfo Díaz, ellos contribuyeron —dejando caer cartuchos de dinamita desde sus biplanos Laird-Shallow dotados de motores Curtis OX5— a prolongar los incendios y desalojos de las fuerzas liberales. El total de las 300 bombas lanzadas desde los dos aviones significó “la mayor intensidad de bombardeo aéreo, recibida hasta la fecha por cualquier ciudad en el mundo” (Mercado, 2002: 99).
Si en el periódico de New Haven, Connecticut, Ilustrate Current News, del 9 de marzo de 1927, divulgó una impresionante fotografía de Chinandega devastada, el Secretario de Marina, en su Informe Anual, afirmó que los servicios prestados por las escuadrillas aéreas de los Marines en Nicaragua “fueron de valor incalculable. Sin el apoyo aéreo, la guarnición de Ocotal no hubiera podido ser reforzada a tiempo para impedir pérdidas muy serias”. (Citado por Cummnins, 1985: 66).
Bajo el mando del Mayor Ross E. Roswell, seis aviones aparecieron sobre el cielo de Ocotal, después de dos vuelos de reconocimiento sobre la plaza. El Mayor ubicó una concentración de fuerzas sandinistas, procediendo de inmediato a abandonar la formación y, desde una altura de vuelo de mil quinientos pies, se dejó caer en picada sobre las tropas de Sandino, disparando su ametralladora fija. A los trescientos pies, el piloto soltaba la bomba y rompía la picada, elevándose de inmediato: en ese momento el artillero en control de la ametralladora movible de la parte trasera de la cabina del avión disparaba sobre el objetivo. Ordenadamente, cada uno de los cinco aviones restantes duplicaban las maniobras de su líder de escuadra. Véase con más detalles esta pionera táctica militar en Magee (agosto, 1970: 43). Éste informa que los seis aviones eran también biplanos, esta vez DH-4, dotados de motores Liberty con enfriamiento de agua, armados de dos ametralladores calibre 0.30 y adrales para bombas de fragmentación de 17 libras. Su máxima velocidad no sobrepasaba las cien millas por hora.
El general Vernon E. Magge, incorporado al Cuerpo de Marinos desde 1919 —coautor del Manual de guerrillas y del Manual para operaciones de desembarque del USMC (United States Marine Corps) transcribe en su estudio el testimonio del jefe político de Ocotal: “A las 10:00 a.m., se ven dos aviones volando bajo …disparan sobre las fuerzas de Sandino y se van… A las 3:00 p.m., seis aviones parecen en formación de batalla, forman línea y abren fuego con sus doce ametralladoras… Dejan caer bombas sobre el ejército de Sandino, que ahora comienza a retirarse… 5:00 p.m., todo quieto”. Y, finalmente, admite: “Esta acción aérea, generalmente reconocida como el primer bombardeo en picada organizado y el primer ataque aéreo a baja multitud hechos en apoyo a tropas terrestres, fue decisivo. Sandino y los sobrevivientes de sus fuerzas huyeron, dejando atrás de 40 a 80 muertos, y probablemente el doble número de heridos” (Megge: agosto, 1970: 47).
Más preciso resulta Mercado (2002: 154-155): “La batalla de Ocotal tiene importancia mundial, ya que no sólo es el primer combate de las tropas del general Sandino contra las tropas de Ocupación, sino la primera operación de una flotilla aérea de bombardeo, bajo situación de combate, en la historia del avión mundial”. En cuanto a Sandino, la batalla le sirvió para cambiar de táctica: la guerra de guerrillas. Por lo demás, extrajo de ella las siguientes lecciones:
“Primero y lo más importante de todo, siempre situarse al lado del honor y la justicia, lo que sustenta el espíritu haciéndolo invencible; segundo, que la invencibilidad de los americanos era puro mito; tercero, que la participación de la aviación militar en nuestra contra introducía un elemento de sorpresa que sería difícil esquivar; y en cuarto lugar, aprendimos el inmenso valor de la publicidad en cuanto a la opinión mundial, convenciéndonos que nuestro principal objetivo debería ser el prolongar la lucha de protesta por el mayor tiempo posible, pues en realidad desde ese punto de vista no importa tanto el que se gane una batalla, como el librarla y publicarla” (Román, 1983: 79 y Arellano, 1983: 112-113).
En conmemoración de tan importante batalla, ofrecemos el parte oficial del jefe de los Marinos, Gilbert D. Hatfield, traducido especialmente por Luciano Cuadra Waters (hijo de Manolo, periodista e investigador radicado en California), quien además localizó el plano de la batalla trazado por el mismo Hatfield, y una fotografía inédita del cuartel de Ocotal, ocupado por el Cuerpo de Marina antes de la batalla. También reproducimos el testimonio de Arturo Mantilla, ciudadano ocotaleño y testigo de la misma.
NOTA EXPLICATIVA
Después que el general José M. Moncada los “ahorcara” el 4 de mayo de 1927 en un árbol de espino negro, según lo expresó al escritor José Román, el general Sandino, éste marchó con su tropa hacia Jinotega para distanciarse con Moncada. El 24 del mismo mes, Sandino remitió al Jefe de los Marines su controversial carta, donde propuso como condición sine qua non el nombramiento de un gobernador militar estadounidense.
Tras intercambiar varios mensajes telegráficos con los oficiales estadounidenses, el 11 de julio de 1927 el Capitán USMC, Gilbert D. Hatfield, le da un plazo de cuarenta y ocho horas para entregarse con sus armas en la ciudad de Ocotal, propuesta que rechazó el jefe rebelde. Cuatro días después, el 16 de julio de 1927, Augusto C. Sandino lanzó un ataque contra el destacamento de ochenta y siete efectivos de los Marines y de la Guardia Nacional, rompiendo de esa manera las hostilidades que enfrentarían a un puñado de hombres, pobremente equipados y sin entrenamiento, contra el gran coloso del norte. Este encuentro quedaría registrado como el primer choque armado en la historia de la Guardia Nacional y, por ende, también de los soldados norteamericanos, según se asienta en los archivos de la Infantería de Marina, bajo el numeral de registro 5-LPH-ehk-17.0-15.0.
A continuación, traducimos el reporte oficial de ese combate presentado a la superioridad por el capitán Hatfield, el 20 de julio del mismo año.
Luciano Cuadra Waters
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