Plano de la batalla por el Capitán Hatfield

Parte oficial del capitán (USMC) Hatfield

Destacamento del Cuerpo de Marina de Estados UnidosOcotal, Nicaragua 20 de julio, 1927 Del: Oficial en Jefe Para: Comandante General, Segunda Brigada. Managua, Nicaragua Vía: Oficial en Jefe, Quinto Regimiento Asunto: Ataque a Ocotal, julio 16, 1927 1.- A la 1:15 de la madrugada del 16 de julio de 1927, las fuerzas al mando de […]

Destacamento del Cuerpo de Marina de Estados Unidos
Ocotal, Nicaragua

20 de julio, 1927
Del: Oficial en Jefe
Para: Comandante General, Segunda Brigada. Managua, Nicaragua
Vía: Oficial en Jefe, Quinto Regimiento
Asunto: Ataque a Ocotal, julio 16, 1927

1.- A la 1:15 de la madrugada del 16 de julio de 1927, las fuerzas al mando de Augusto C. Sandino, quien alguna vez fuera general de las tropas liberales de Nicaragua, pero ahora es un bandido rebelde, atacaron la ciudad de Ocotal.

2.- Se habían tomado disposiciones previniendo tal ataque, y los soldados, tanto Marines como de la Guardia Nacional, estaban entrenados para asumir sus posiciones de combate, durmiendo siempre completamente uniformados y con sus armas de reglamento.

Los oficiales se mantenían en alerta, más de lo acostumbrado. Así como el Oficial del Día, quien también dormía uniformado.

El soldado Brainard R. Williams, vigilia de turno ubicado al frente de las barracas, notó movimientos sospechosos en la calle de atrás y decidió investigar; al hacerlo, fue recibido a balazos por cuatro hombres que se encontraban en la esquina, a una cuadra al oeste del cuartel.

Todos los soldados y oficiales estaban debidamente uniformados y en sus respectivos puestos. Tres minutos después de escucharse el primer disparo, se recibía fuego de todas direcciones, y también de francotiradores que estaban bien situados.

Evidentemente los bandidos se habían escurrido en el pueblo durante las primeras horas de la noche, esperando el efecto que produciría la sorpresa total.

La calle en la que se encuentran nuestras barracas fue barrida por fuego de ametralladora, disparada desde una colina al final de la calle. El raso Garrison fue herido por esta ametralladora.

La calle que comunica el cuartel y las oficinas de los oficiales estaba bajo fuego nutrido de una ametralladora enemiga localizada en las oficinas del jefe político, así como por una ametralladora nuestra emplazada en la calle frente al cuartel de la Guardia Nacional. Ésta última era manipulada por el teniente Bruce, quien intentaba silenciar el arma de los atacantes ubicada en las oficinas del jefe político. Los oficiales debían atravesar esta cortina de fuego para unirse al grupo.

El ataque inicial menguó a eso de las 3:00 a.m., cuando su corneta llamó para reorganizarse. En ese momento llegó Sandino desde Mosonte y evidentemente cambió el plan de ataque. Dos fusiles automáticos y algunos francotiradores mantuvieron un fuego intermitente hasta el momento que lanzaron la segunda embestida, aproximadamente a las 4:00 a.m., y que duró hasta las 8:15 de la mañana. Entonces un emisario, portando una bandera blanca, se acercó con un mensaje de Sandino y otro de Sánchez (Porfirio). El combate se suspendió mientras se acercaban los mensajeros, pero la tropa se mantuvo alerta, con órdenes de no permitir movimientos de tropas enemigas o cambio de posiciones mientras se leían y se respondía a las notas.

Éstas hacían mención a la formidable respuesta que dábamos al ataque; que garantizaban nuestra integridad física, y que sabían que nuestras reservas de agua eran bajas (esto era un error, pues teníamos suficiente agua en barriles de “guaro” del Gobierno, como para dos semanas). Decían, pues, que si entregábamos nuestras armas, no nos harían daño; pero si no nos rendíamos en el lapso de una hora, incendiarían el pueblo y veríamos un poder de fuego que jamás habíamos soñado.

Le respondí que los Marines no sabemos rendirnos, y que con agua o sin ella mantendríamos nuestras posiciones hasta que nos mataran o nos capturaran; que comenzaríamos a disparar en el momento que los mensajeros doblaran la primera esquina.

Fue durante este segundo ataque que el raso Obleski fue ultimado por un francotirador que disparaba desde un muro. Este individuo fue eliminado por el sargento Ollie R. Blackburn con disparos de su pistola. Lo encontramos con cuatro heridas de calibre 45 en la cabeza y el cuello.

El fuego de fusilería pesada y ametralladora se mantuvo hasta las 10:15 de la mañana, cuando llegaron dos aviones de Managua y sobrevolaron el poblado; al entender nuestro mensaje, dispararon sus ametralladoras. Uno de los aviones regresó a Managua aproximadamente a las 10:30 a.m., mientras el otro se quedó apoyándonos hasta las 11:00 a.m.

A las 2:35 p.m. arribaron cinco aviones disparando sus ametralladoras y dejando caer bombas hasta las 3:20 de la tarde, cuando tuvieron que regresar a Managua.

El ataque aéreo fue factor decisivo a nuestro favor, pues inmediatamente el enemigo aminoró el fuego e inició la retirada. Mantuvieron disparos intermitentes hasta las 5:25 de la tarde, con la excepción de ciertos francotiradores que estaban parapetados detrás de una pared frente a la Iglesia. A estos individuos les engañó el Teniente Guardia Nacional de apellido Bruce, diciéndoles que estaban rodeados y que se les aniquilaría. Todos, excepto uno, entregaron sus armas; los restantes intentaron huir, pero fue muerto por el raso Ingram, quien le disparó desde la puerta de su covacha.

Éstos fueron los últimos disparos que hicimos. Envié patrullas por el pueblo para que localizaran francotiradores y contaran los muertos que vieran, de los cuales había más de cincuenta sólo en las calles. A ellos habría que sumar los que murieron en las casas y a orillas del río.

Estaba demasiado oscuro para buscar por todo el pueblo. Pero, basado en la cantidad de muertos que encontramos, el número de funerales que se dieron en los días subsiguientes, y el aumento en el tamaño del cementerio, creo que por lo menos fueron trescientos los muertos por diferentes razones, más los heridos, lo cual es difícil asegurar, o siquiera calcular.

El total de nuestras bajas fueron un muerto y un herido de la Infantería de Marina, de la Guardia Nacional fueron tres heridos, uno de ellos de gravedad, y cuatro capturados.

De los muertos que tuvo Sandino, Rufo Marín era el más importante, Juan Colindres fue el otro, y he recibido informes infundados sobre Simón Jirón, “Pichingo”; algunos dicen que han identificado su cadáver, mientras otros aseguran que continúa vivo.

Calculo que las fuerzas de Sandino eran unos cuatrocientos, y se les habrían sumado otros cien del pueblo. Evidencia de esto es la cantidad de familias liberales del pueblo que están de luto.

Las casas y negocios de los conservadores fueron saqueados, y varios de éstos, considerados enemigos personales, fueron asesinados por los invasores.

El raso Obleski fue sepultado con honores militares a las 6:45 de la tarde el 16 de julio de 1927 en la parte trasera del cuartel, erigiéndose una cruz sobre su tumba.

Solamente tengo alabanzas hacia los oficiales y soldados de la Infantería de Marina y de la Guardia Nacional. Todos ellos combatieron como veteranos, y los miembros de la Primera Compañía de la Guardia Nacional pueden combatir, hombro a hombro, con cualquier organización militar, en cualquier momento, y en cualquier lugar. La presencia de este grupo nos salvó de una situación muy seria, si no fatal.

Tengo una lista de reconocimientos, por valor excepcional bajo fuego, para oficiales y soldados de ambas organizaciones, principalmente para el teniente (Thomas) Bruce de la Guardia, el teniente Darnall de la Infantería de Marina y Guardia, el teniente Bliesner de la Infantería de Marina, y varios alistados de los dos grupos. Estos reconocimientos serán incluidos aparte.

G.D. Hatfield.

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