Edgard Rodríguez C.
Cuando de repente Pedro Martínez empieza a asombrar y se dirige a la grandeza a una velocidad meteórica, los Dodgers se quedaron sin argumentos para explicar su envío a los Expos a cambio de Delino De-Shields, un intermedista average que ya se esfumó.
Fue entonces cuando Tom LaSorda habló de inconsistencia física en Pedro.
¿Puede ser inconsistente físicamente alguien capaz de disparos de hasta 98 millas? Los expertos explicaron que las repercusiones para Pedro serían devastadoras si continuaba lanzando tan fuerte y en medio de un ritmo tan agitado como el de una campaña.
Y con el paso del tiempo, se volvió común ver a Martínez entrar y salir de la lista de lesionados. Cada año. Pero lo más grave ocurrió en el 2001 cuando se lastimó su hombro y la preocupación se proyectó por todo Boston.
Desde entonces Pedro, apela al poder de sus disparos sólo cuando realmente lo necesita. Y Boston lo cuida en todo instante, dejándole lanzar muchos envíos sólo en partidos de importancia, mientras le recetan descanso extra siempre que sea posible.
El dominicano se defiende sobre todo mediante su excelente curva cuyo quiebre es más descendente que lateral, y las alteraciones en la velocidad de sus lanzamientos, uno de los cuales hace movimientos similares a los de una screwball.
Aún con esa merma u obligada sobre-administración, Pedro sigue siendo Pedro, aunque ya no sea de piedra. Pero su grandeza no está bajo escrutinio y el Salón de la Fama debe ser su destino final.
La noche del miércoles, los Orioles le dieron duro. En 6.2 innings, 9 hits y 8 carreras limpias. Históricamente Baltimore lo ha sacudido, pero no es esa faena lo que nos lleva a concluir que Pedro ha bajado su nivel de dominio.
Lo que mantiene la sospecha sobre su durabilidad es su falta de fondo físico y el ajetreo intenso a que es sometido su brazo. Pedro no es Roger Clemens o Curt Schilling, quienes tan fuertes como un buey, llegan o pasan de los 40 años campantemente.