Eduardo Almendares I.
Fue irónico ver a Daniel Ortega en misa, leyendo la primera lectura que hablaba de practicar la justicia, después que tantas veces ha expresado su arrepentimiento. Luego ver el abrazo de Lenín Cerna con monseñor Carballo. Después de tanto arrepentimiento, esperaba que el señor Ortega dijera en la plaza que devolvería el cuádruple de lo robado, como lo hizo Zaqueo, el personaje del Evangelio.
No hay arrepentimiento mientras no haya disposición de reparar el mal que se ha hecho. Por sus frutos los conoceréis.