Edgard Rodríguez C.
A Joe Torre se le considera el más respetable manager del beisbol, pero una buena parte de los expertos considera que el verdadero genio tras el timón es Tony LaRussa, de San Luis.
Su carrera arrancó en 1979 con los Medias Blancas. Después pasó a Oakland en 1986 y desde 1996 aterrizó en San Luis. Así que a través de su trayectoria, además de títulos y reconocimientos, ha tenido el chance de dirigir buen talento.
Manejó a Carlton Fisk y Greg Luzinski en Chicago, y a José Canseco y Mark McGwire en Oakland. Ahora da las orientaciones a Albert Pujols, el potente artillero dominicano, que disparó tres jonrones la tarde del martes ante los Cachorros.
Así que LaRussa sabe de lo que habla cuando de calibrar jugadores se trata.
“Entre la extensa lista de habilidades que tiene Pujols, lo que más admiro es que juega para ganar”, señala LaRussa. Y era difícil no sentirse impresionado tras la última gran demostración del artillero, quien tronó en el momento apropiado.
Pujols es, para decirle pronto, el pelotero de mejores herramientas en el beisbol actual después de Alex Rodríguez. Batea con tacto y poder, defiende bien y tira con fortaleza. No roba porque no es su prioridad en los Cardenales de ahora.
Pujols es el único bateador en la historia del beisbol en batear sobre 300 puntos, pegar 30 jonrones y empujar 100 carreras en sus primeros tres años en las Grandes Ligas. Y va rumbo a un cuarto. Ahora tiene .332, 27 palos y 70 remolques.
Pujols nació en Santo Domingo en 1980 y se trasladó a Kansas City a sus 16 años. Su habilidad para el juego le permitió una beca escolar y fue seleccionado por San Luis en 1999 en la ronda número 13.
Su primer año profesional fue el 2000 y al siguiente fue invitado al spring training del equipo grande. LaRussa lo vio y consideró que estaba listo. El tiempo ha probado que tenía razón.
Lo que quizá no previó, es que se elevaría tanto y tan rápido.