María José BravoCORRESPONSAL/SANTO TOMÁS
Para doña Margarita Palacios, vendedora de frutas, viajar más de 190 kilómetros no es ningún impedimento y ofrecer, bajo la sombra de dos almendros ubicados en la calle central, a todo el que pase sus mangos, bananos, naranjas y otras variedades de la temporada.
Esta mujer de cabello negro y piel morena, originaria del Valle de la Laguna de Masaya, desde hace más de un año se traslada durante varios días a Santo Tomás, Chontales, para vender sus frutas a los pobladores, quienes se han acostumbrado verla a diario con sus canastos, ofreciendo su venta a todo el que pasa.
A pesar de estar en la acera de doña Concepción Vargas “doña Conchita”, quien le ha ofrecido parte de su terreno para que trabaje sin cobrarle nada, doña Margarita paga sus impuestos mensualmente a la Alcaldía, cuyas autoridades le han establecido una cuota de 30 córdobas.
Doña Margarita relata que la primera que llegó a Santo Tomás a vender sus frutas, fue su prima Bernarda Palacios y, como le fue bien la invitó a ella para que la acompañara y así se han quedado las dos. Antes vendían en Tipitapa, pero como ahí llega mucha gente, las ventas no eran tan buenas, por lo que decidieron buscar un nuevo mercado.
Con el negocio de frutas, estas dos mujeres mantienen a sus familias y para ahorrar dinero, duermen en la acera de “doña Conchita” donde ponen un plástico que les sirve para protegerse del frío y de las lluvias.
También hay personas que les han ofrecido un lugarcito para que duerman, se bañen y laven sus ropas, pero ellas por no molestar, prefieren dormir en el lugar donde venden y así también aprovechan para cuidar sus frutas.
TRABAJAN CON PRÉSTAMOS
Para poder iniciar el negocio, doña Margarita hizo un préstamo de mil 200 córdobas con los que compra unos ocho canastos de diferentes frutas, entre ellas manzanas y uvas, y de los cuales tiene que abonar 225 semanal.
A pesar de gastar 320 córdobas en pasajes y comida dice que le queda para sobrevivir y a veces hasta para darse unos “gustitos”. Ella normalmente permanece ocho días en Santo Tomas vendiendo y luego se va a estar cuatro días a su casa con su marido e hijos para después retornar de nuevo.
NI LA LLUVIA LA DETIENE
A pesar de las lluvias, esta señora siempre está sonriente para ofrecer sus productos a los tomasinos. Se protege de la lluvia en los árboles, pero dice que comprará un plástico para resguardarse más y no mojarse, ya que en esta ciudad llueve mucho.