- Como respuesta siempre tiene un no, lleva la contraria y nunca calla ante ningún argumento. Cuestiona a los padres, sus órdenes o peticiones. A ciertas edades esto es normal en nuestros hijos, pero también podría convertirse en un problema más serio
Si su madre le da una orden, su respuesta es no. Pregunta por qué debe hacer cada cosa, por qué debe obedecer, reniega de todo y hasta encuentra argumentos para justificar su actitud y contrarrestar los llamados de atención. ¿Le parece demasiado familiar? ¿Encuentra coincidencias con el comportamiento de alguno de sus hijos? Sucede casi en todos los niños y adolescentes en ciertas edades. Sin embargo, podría convertirse en un trastorno de la conducta.
Los especialistas en sicología y conductas humanas lo llaman conducta negativista o desafiante y según el doctor Luis Alonso Molina Dávila, es una etapa normal en niños entre 18 y 36 meses y durante la adolescencia.
Se trata de una expresión de autonomía del crecimiento y en la adolescencia es “como una necesidad de separación de los padres y de establecer una identidad de autonomía”, explica.
Típicamente comienza a los ocho años y generalmente no pasa la adolescencia. Antes de la pubertad es más prevalente en los varones que en las mujeres, pero luego se manifiesta de igual manera en ambos sexos, continúa.
Igualmente puede ocurrir cuando el niño enfrenta una situación de estrés como la separación de sus padres o conflictos en el hogar, porque pasa una reacción de duelo, justifica.
Una característica típica de este comportamiento es que el niño lo presenta sólo en la casa y no en la escuela, aunque en algunos casos podría suceder; y ocurre casi siempre con la persona que tiene la autoridad en casa.
SIGNOS DE ALERTA
No obstante, esta conducta mediante la cual el niño trata de ganar autonomía, también podría llegar a convertirse en algo anormal o un trastorno de la conducta, por lo que es necesario valorar los casos que salen de lo que se puede considerar normal.
Si el niño toma una actitud desafiante, de oposición, siempre lleva la contraria y llega a la cólera fácilmente de forma persistente y a diario por más de seis meses, se han cruzado los límites, advierte.
En aproximadamente un 30 y 40 por ciento de los niños y adolescentes se trata de una etapa transitoria. En la mayoría no irá más allá de la adolescencia y si persiste, los signos serán muy pocos, sin embargo, un 20 por ciento podría desarrollar trastornos de conducta, asevera el experto.
El trastorno ocurre por una predisposición neurobiológica a padecerlo, también existen factores temperamentales, indica.
Los adolescentes que han pasado los límites de la conducta desafiante y desarrollan trastornos de conducta podrían pasar a actitudes más peligrosas como meterse en pandillas, destruir cosas, romper las normas sociales.
UN PROBLEMA FAMILIAR
Este problema tan común no sólo atañe al niño, muchas veces la causa se encuentra en la familia por la forma en que se educa al niño y los modelos de conducta que observa.
Podría ser causada por un exceso de disciplina o una inadecuada forma de disciplinar, estructurar o fijar límites, de parte de los padres.
También ocurre cuando hay una identificación del niño con un progenitor que tiene trastornos impulsivos. En estos casos se establece un modelo de conducta de interacciones negativas y desafiantes hacia los demás, dice.
La ausencia física y emocional de los padres por motivos laborales, es otra causa de que los niños presenten esta conducta.
ALGUNAS IDEAS
Recomendaciones
Trate de brindar suficiente tiempo a sus hijos. Este tiempo debe ser de calidad. Brindarle amor y atenciones.
Si el problema persiste por mucho tiempo, se debe buscar ayuda profesional para recibir terapia individual y de familia.
Auto evalúese. Es conveniente identificar dónde radica el problema. Si se trata de una forma inadecuada o exceso en la forma de imponer disciplina, identifique si en la familia hay algún miembro con este tipo de conducta, a quien el niño podría estar imitando.
Es necesario observar con quién se da la conducta y en qué contexto.
Los niños o adolescentes casi nunca tienen conciencia que están haciendo mal. Trate de hacerle tomar conciencia de que no está actuando bien.
Voz experta
EL ROL DE LOS PADRES
Por: Lic. Leonor Ayón
Sicóloga
La actitud de responder siempre a los padres depende de la edad del niño. No es lo mismo un niño con esa actitud a los cuatro años que a los 15 años. También depende de los estilos de crianza que la familia haya establecido en relación a sus hijos y el tipo de comunicación que hay en la familia.
El termino “malcriado” no debería ser empleado porque los padres hacen todo su esfuerzo para educar de la mejor manera a sus hijos. Sólo que no lo logran y muchas veces los hijos no saben si lo que están haciendo está bueno o no porque los padres no son una guía.
También tiene que ver con las características de los hijos. Muchas veces los etiquetamos como malcriados, les ponemos una serie de etiquetas y no logramos entender lo que está pasando con el niño. Eso les afecta su autoconcepto y autoestima porque les hacemos creer que son malcriados, que son malos, que son rebeldes, etc. Y ellos se lo creen porque los papás se lo dicen y para los niños sus padres son la autoridad máxima.
Es recomendable documentarse un poco sobre las características propias de los niños a sus diferentes edades, porque algunas veces se obtiene información a través de las generaciones y muchas veces no es la más adecuada. Pensar que si no los castigamos no se van a corregir, es un mito. También hay conductas que a cierta edad son normales.
Generalizar la forma de ser de un niño por una conducta, hace que deformemos su autoconcepto y de esa manera no estamos ayudando a su desarrollo emocional. Lo que estamos haciendo es creándole inseguridades, miedos, y siguen siendo rebeldes porque reforzamos esa conducta.
En las diferentes etapas del niño, hay comportamientos rebeldes y desafiantes, dependiendo del ambiente en que se desarrolla. Si se desarrolla en un ambiente en que se manifiestan conductas hostiles, él aprenderá a ser hostil.
Esas manifestaciones son buenas en el sentido de que nos muestran que el niño puede reaccionar ante situaciones que considera no adecuadas. Cuando en el hogar hay conductas de autoridad y no autoritarismo, el niño maneja su rebeldía. Aprende que si se porta mal, las consecuencias no serán buenas.
RECOMENDACIONES
Conocer a sus hijos. Saber las características de cada niño.
Procure resaltar los aspectos positivos y no señale los negativos.
No etiquetarlos. Comprenda que no es que los niños sean necios, malcriados o malos, sino que algunas veces manifiestan conductas inadecuadas, que es diferente.
Los padres deben saber manejar las conductas rebeldes de los hijos y una forma de hacerlo es no reforzando esas actitudes.
Enseñe al niño que llevar la contraria y comportarse desafiante ante todo lo que los padres le indica, le traerá malas consecuencias.
Sea moderado en los castigos. Los golpes y los gritos no educan.
Procure que el ambiente de crecimiento de su hijo sea sano y armonioso.
*La autora es docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad Centroamericana.(UCA)