- Poemas de Rosario Murillo, quien también fue la maestra de ceremonia del 25 aniversario de la revolución fueron repartidos entre la concurrencia
Jorge Loáisiga Mayorga
Bajo el sello personal de Rosario Murrillo, compañera de vida del secretario general del Frente Sandinista, Daniel Ortega, fue celebrado ayer el 25 aniversario de la revolución sandinista. Murillo monopolizó la fecha, al constituirse en la principal organizadora del evento, maestra de ceremonia y aprovechar el acto para invocar su “revolución de amor”.
Una plaza adornada con colores pasteles y bajo el lema “25 primaveras, mi revolución en flor”, dio paso a lo que Murillo denominó “la gran asamblea del pueblo, siempre más allá, hacia la luz, hacia la verdad, 25 años”.
Este año los sandinistas no entonaron el himno del FSLN que llama “yanki enemigo de la humanidad” a los estadounidenses, sino que sonó un antiguo himno del FSLN que no contiene la polémica estrofa.
Esa “asamblea del pueblo”, estuvo presidida por los hijos y nietos del fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca Amador, quienes izaron la bandera del 25 aniversario de la revolución. El mencionado blasón está compuesto por doce franjas de colores pasteles, entre los que destacan, el rosado chicha, celeste, lila, amarillo, anaranjado, y los históricos rojo y negro de la bandera del FSLN.
FUERA DE TARIMA
Los dirigentes sandinistas, Daniel Ortega, Tomás Borge, Herty Lewites, Lenín Cerna, Bayardo Arce, Miguel D’ Escoto, entre otros, estaban abajo, en la plaza, pero en un lugar especialmente acondicionado para ellos con sillas y adornado con flores, lirios y girasoles que estaban de centro en unas 12 maceteras.
Un grupo de niños y jóvenes develizaron una urna que contenía los objetos del “padre de la revolución, General Augusto César Sandino, su traje de campaña, su chaqueta de cuero, la máquina de escribir que usó para copiar el manifiesto de San Albino, su pluma de oro y el sello distintivo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN).
En otra época esos objetos pertenecieron al Museo de la Revolución, que estaba ubicado en el Mercado Carlos Roberto Huembes.
ABUCHEO
En otra parte del largo y cansado acto de celebración, la legendaria guerrillera sandinista, Gladys Báez, encendió una especie de antorcha, con una tea que Murillo denominó el pebetero (perfumador) o “la llama sagrada de la dignidad y la soberanía”.
El delegado de Fidel Castro, Osmany Cienfuegos, fue abucheado por algunos de los miles de nicaragüenses que llegaron a celebrar los 25 años de la revolución porque su discurso fue demasiado extenso, “yaaaa que se calle”, “yaaaa basta”, “chooo”, gritaban los molestos sandinistas, lo que provocó la intervención de la maestra de ceremonia, diciendo: “Dejemos terminar al compañero Osmany”, lo cual aceleró el final del discurso del cubano.
CANDIDATOS Y AUTÓGRAFOS
Cuando llegó la hora de presentar a los candidatos a alcaldes y vicealcades del Frente Sandinista y la Convergencia, un grupo de jovencitas y jóvenes empezaron a distribuir, un par de poemarios de Murillo titulados: “Poderosa lentitud de la lluvia” y “Las mujeres somos las nuevas primaveras”.
En ese instante también aparecieron en escena Aaron Pryor y Rubén Olivares, ambos boxeadores contemporáneos de Alexis Argüello. El primero derrotó a Argüello y el segundo fue derrotado por el mejor boxeador que ha tenido Nicaragua. Los legendarios boxeadores se dedicaron a firmar autógrafos, en los poemas de Murillo, en las gorras amarillas y celestes que previamente les repartieron quienes estaban la tarima.