El apoyo de la población a la insurrección sandinista aceleró la búsqueda de una salida que permitiera limitar el poder de los sandinistas una vez que Somoza abandonara el país, pero todos los intentos fueron infructuosos.

La Junta que nunca fue

Adolfo Pastrán Arancibia Especial para LA PRENSA Una vez que Somoza y la alta oficialidad de la Guardia Nacional se fuese al exilio, siendo investido Presidente, Urcuyo Maliaño, llamaría a un cese del fuego, convocaría al Arzobispo Monseñor Miguel Obando y Bravo y al Cuerpo Diplomático, para una reunión con el Grupo de los Doce, […]

Adolfo Pastrán Arancibia Especial para LA PRENSA

Una vez que Somoza y la alta oficialidad de la Guardia Nacional se fuese al exilio, siendo investido Presidente, Urcuyo Maliaño, llamaría a un cese del fuego, convocaría al Arzobispo Monseñor Miguel Obando y Bravo y al Cuerpo Diplomático, para una reunión con el Grupo de los Doce, que estaban en Costa Rica y ahí renunciaría a la Presidencia y se formaría una Junta de Gobierno para terminar el período de Somoza. Inmediatamente se cambiaría el nombre de la Guardia Nacional por el de Ejército de Nicaragua. Como Jefe del nuevo Estado Mayor se designaría a Edén Pastora Gómez, “Comandante Cero”.

El sustituto de Somoza en la Jefatura de la Guardia Nacional fue escogido directamente por el Departamento de Estado. Todos los candidatos propuestos por Somoza eran descartados por temor a que mantuviese el vínculo directo, es decir el poder tras el trono. Los Estados Unidos se decidieron por el general Federico Mejía.

Según Pallais, “esto ya estaba arreglado, en las muchas conversaciones que tuvimos con el embajador Pezzullo”.

“Según nuestras conversaciones en la Junta de Gobierno, solamente estarían de la Junta de San José, la señora Violeta Barrios de Chamorro, el ingeniero Alfonso Robelo y el doctor Sergio Ramírez Mercado, los otros cuatros, probablemente, serían el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, el licenciado Adolfo Calero, el doctor Emilio Álvarez Montalván y el doctor Francisco Urcuyo Maliaño”, recuerda Pallais.

URCUYO NO QUIERE RENUNCIAR

Según Pallais, Somoza Debayle nunca pensó que el FSLN triunfaría contra militarmente.

“Nunca pensó que Nicaragua caería en manos del FSLN, así lo habían garantizado, en muchas ocasiones, el embajador Lawrence Pezzullo y otros altos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, el presidente Somoza estaba seguro de que el FSLN estaba manejado por Fidel Castro y por la Unión Soviética”, dice Pallais.

Agregó que Somoza pensaba que por eso Estados Unidos no permitiría una Nicaragua comunista, porque entonces igual suerte correrían El Salvador, Honduras, Guatemala y posiblemente México.

Pallais asegura que una vez en Miami, luego de abandonar Nicaragua el 17 de julio de 1979, “llegamos bien cansados. Yo tenía varios días de sólo dormir unas dos horas. El general Somoza se fue a su casa en Miami Beach”.

Al día siguiente a las 8 de la mañana, entró la llamada de Christopher. Somoza puso el parlante para que sus colaboradores escucharan la conversación. En la sala estaban presentes Anastasio Somoza Portocarrero, Luis Pallais Debayle, Luis Debayle, Adonis Porras y Samuel Genie.

Christopher le dijo a Somoza que Francisco Urcuyo Maliaño se resistía a entregar el poder, tal como fue acordado en Managua y que pretendía quedarse hasta 1981. Le pidió a Somoza que lo llamara y le pidiera que cumpliese lo convenido. Christopher amenazó a Somoza con suprimirle el asilo político.

Somoza llamó a Urcuyo y le informó de la conversación con el Secretario de Estado. Urcuyo contestó diciendo que él no se estaba negando a nada y que contrario a lo acordado el embajador Pezzullo quería que le entregara todo el mando a Humberto Ortega.

Somoza exhortó a Urcuyo a que renunciara y le entregara la Presidencia al nuevo Jefe Director de la Guardia Nacional, General Federico Mejía, pero hizo todo lo contrario. Sin renunciar se fue al Aeropuerto Las Mercedes y tomó un avión a Guatemala.

Ante tal situación el general Mejía y otros mandos de la Guardia decidieron también huir, dando oportunidad para que el FSLN enviara a la Junta de Gobierno a León y se declarara como el nuevo Gobierno de Nicaragua.

Estados Unidos habían garantizado a Somoza, por medio de su primo Luis Pallais, que no le ocurriría lo mismo que el ex dictador venezolano, Pérez Jiménez, a quien los norteamericanos entregaron para ser juzgado.

CAMBIO DE SEÑA EN EL DEPARTAMENTO DE ESTADO

Un par de días después del 19 de julio, Pallais fue llamado con urgencia a Washington, el subsecretario Vaky quería verlo en el Departamento de Estado. “En su despacho me dijo, que lo disculpara, que el Gobierno de Estados Unidos no podía garantizarle asilo político al general Somoza, pero que tuviera la seguridad que el Departamento de Estado iba a hacer todo lo posible para no enviarlo a Nicaragua, en caso un Gobierno futuro de Nicaragua solicitara su extradición”, dice Pallais.

Somoza decidió entonces abandonar Miami y refugiarse en Bahamas. Tomó un avión, acompañado de sus hijas Carolina y Carla, Anastasio Somoza Portocarrero, el general José Somoza, Samuel Genie, Adonis Porras y varios oficiales y ordenanzas.

Un par de días después, aparentemente por presiones de Estados Unidos, le dijeron que la visa no tenía validez y debía abandonar la isla.

Desesperado, Somoza acudió al Presidente de Guatemala, general Romeo Lucas, quien le dijo lo acogería en ese país, pero al llegar al Aeropuerto La Aurora lo mantuvieron ocho horas sin bajar de la nave, hasta que un amigo personal lo sacó y lo llevó a su casa. Ahí estuvo por una semana.

“Entonces Tacho llamó al presidente Alfredo Strossener, de Paraguay, quien le dio asilo y lo recibió con gran amistad”, dice Pallais.

Somoza comenzó entonces a hacer negocios con empresarios paraguayos porque estaba resignado a quedarse definitivamente en ese país. Había comprado tierras para sembrar algodón y dedicarse al ganado.

Luis Pallais asegura que Somoza nunca mantuvo contactos con ex guardias o con la Fuerza Democrática Nicaragüense FDN y niega que haya entregado dinero para armar la contrarrevolución sandinista.

“A mí me decía que no era el momento, que tenía que esperarse a que el gobierno de Jimmy Carter terminara y observar el resultado de las elecciones en Estados Unidos, que las ganó Ronald Reagan, y que eso cambiaría el curso de las cosas en Nicaragua, pero estoy absolutamente seguro que no aportó ni un centavo para alguna contrarrevolución”.

Pallais asegura que en efecto creyeron en la palabra de Estados Unidos y pensaban que iban a regresar a Nicaragua. Negó enfáticamente que Somoza se haya llevado de Nicaragua unos 100 millones de dólares.

“Eso es falso. Somoza me dijo en Paraguay que tenía alrededor de treinta millones de dólares, en acciones y en cuentas de ahorro en Estados Unidos. Sin tomar en cuenta, las minas de carbón que tenía en Colombia, que estaban amenazadas y posteriormente fueron tomadas por las FARC. Somoza no contaba, en ese entonces, con los varios millones, que ya muerto él, pagaron por el seguro de los barcos de MAMENIC, ya que estaban asegurados también contra usurpación”, aseguró

Antes de ser asesinado en 1981, Somoza vivió durante un año en Paraguay.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí