Mario José Borge C.
En el Nuevo Diario del 30 de junio recién pasado se publicó un escrito muy singular por su intención “jocosa”, cuya autora exhibe su anti-catolisismo y poco conocimiento de la historia.
Llama “genial” al presidente Zelaya y dogmáticamente lo proclama como “el único y verdadero liberal” pero, no dice que fue un tirano y dictador que se mantuvo a sangre y fuego en el poder durante 17 largos años a base de prisioneros, torturas y violaciones de los derechos humanos.
Dice también que Zelaya “fundó” el ferrocarril, pero la historia enseña que quien trajo y construyó el ferrocarril fue el Presidente conservador don Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1875-79)
Zelaya fue anti-clerical y desde el inicio de su gobierno liberal persiguió y despojó a la Iglesia de sus bienes; encarceló y desterró al único obispo de Nicaragua, monseñor Simeón Pereira y Castellón y a otros sacerdotes más. Pero ahora, —a más de 100 años de distancia— lo gracioso es que molesta y con singular ingenuidad, la articulista reclama que cuando Zelaya salió al exilio, “no hubo un obispo que levantara su voz para impedirlo”. ¿Qué tal?
Muchos dictadores han desaparecido: Zelaya en Nicaragua; Barrios en Guatemala, Calles en México, pero la Iglesia allí está igual y “siempre asiste a los funerales de sus enemigos”.
En lo único que estoy de acuerdo con la articulista es que no hay comparación entre Zelaya y Arnoldo Alemán, pues la diferencia es como “de aquí a la Luna”.