- Campesino perdió a su esposa embarazada y tres hijos en el deslave del cerro Musún
Auxiliadora MartínezCORRESPONSAL /BOACO
Con el dolor reflejado en su mirada por la tragedia que le tocó vivir el pasado viernes, al perder a su esposa Blanca Rosa Sevilla, con ocho meses de embarazo, y a sus tres hijos varones de 16, 14 y 12 años, durante el deslave en el cerro Musún, el campesino Vicente González Alarcón dice que él y sus otros cinco hijos están vivos “por la voluntad del Creador”.
González es originario de la comarca Mansera y junto a él sobrevivieron sus otros hijos de 10, 7, 5 y 3 años y una niña de sólo 20 meses. Con su esposa había convivido por 20 años.
En la Sala de Pediatría del Hospital José Nieborowsky, de Boaco, don Vicente acompaña a sus dos hijas Marcia Jeaneth y Lilliam González Sevilla, de 10 y 5 años, respectivamente, de las cuales una sufrió una fractura en la clavícula y la otra una fractura en el tercio medio del fémur derecho, por lo que será intervenida quirúrgicamente.
El campesino relató que el día de la desgracia, a eso de las cinco de la mañana, su esposa de 40 años quien esperaba tener a su último hijo, se encontraba en la casita de madera, techo de zinc y tejas, preparando el café para sus hijos; mientras él ordeñaba las nueve vacas que le producían diariamente 35 litros que vendía a una quesera de la localidad.
La casa de la familia González Sevilla estaba ubicada como a unas 200 varas del río Mansera, cuando, de pronto, el río se desbordó al deslizarse una parte del cerro Musún, lo que aterró a los que estaban en la vivienda.
“Yo escuché el retumbo, pero como ese cerro (Musún), retumba casi a diario cuando está lloviendo, ya estábamos acostumbrados. Además, uno nunca sabe cuándo va ha ocurrir una desgracia”, dijo don Vicente, quien resultó ileso físicamente, pero con un profundo daño emocional.
PIDE APOYO AL PRESIDENTE
“Perder los animales y su hogar es tontería, pero perder a su mujer e hijos lo deja en las malas, es lo peor que a uno le puede pasar”, expresó con mucho dolor el campesino.
Ante la tragedia, don Vicente pidió el apoyo del presidente Enrique Bolaños para que no deje solas a las familias damnificadas, porque, según afirma, éstas no pueden quedar en el aire. “Lo perdieron todo”, afirmó.
El primero en auxiliar a don Vicente y a sus hijos sobrevivientes fue el coordinador de la iglesia católica, Juan Ortiz, quien le ayudó a sacar a las niñas que estaban en la orilla del “gran charcón”, hasta donde habían sido arrastradas por el lodo, destacó.
“Después de la tragedia, nos fuimos a refugiar más arriba, en la casa de un sobrino, desde donde nos sacó el Ejército. En tanto los animales, vacas y gallinas, quedaron aislados en un potrero que, por suerte, no fue arrastrado porque el lodo se llevó casi todo: el alambre, casas y familias aterradas”, agregó don Vicente.
A pesar del sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos, este campesino espera regresar a su comunidad, porque tiene la esperanza de poder encontrar algunos animalitos vivos, para comenzar de nuevo, con la ayuda del Gobierno y de personas humanitarias.
OTROS DAMNIFICADOS
En Pediatría del hospital de Boaco también se encuentran internados los niños Francisco Sevilla Loáisiga, de 8 años, con una fractura en el brazo izquierdo, originario de la comarca Palam Grande, quien perdió a su padre Francisco Sevilla y a su hermanita de cuatro meses, Izdania Sevilla.
De igual manera, el niño Ariel Antonio López Velásquez, de tres años, resultó con una quebradura en el brazo derecho, quien además perdió a su hermanita de seis meses, la que quedó aterrada en la comarca Isla Wanawas.
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