- Este joven graduado en Relaciones Internacionales en la antigua Unión Soviética y que luego saltó a Estados Unidos donde logró una maestría en Integración Económica, considera que el Gobierno debe fortalecer las cadenas de producción teniendo a la gente como centro. Aunque insiste en que no es conveniente la ratificación del Cafta, no se declara abiertamente contra este tratado
Mario José Moncada
Carlos Pacheco considera que el Tratado de Libre Comercio negociado entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta, en inglés) es “un mecanismo de opresión”, pero insiste en que su posición no tiene que ver con “ideologías y posiciones izquierdistas trasnochadas”.
Es investigador del Centro de Estudios Internacionales (CEI), un organismo que nació a inicio de los años noventa, enfocado a tratar temas de la reconciliación y los impactos de la liberación del comercio, y que la semana pasada saltó al tapete por ser una de las organizaciones que apoyó un recurso de amparo interpuesto contra el presidente Enrique Bolaños y el titular de Fomento, Industria y Comercio (Mific), Mario Arana, bajo el argumento que el Cafta tiene roces con la Constitución Política.
Aunque admite que su organización declinó participar durante el proceso de consulta del acuerdo firmado en mayo por los ministros del ramo tanto de Estados Unidos como de Centroamérica, porque según dice, el proceso estaba viciado desde un inicio, ahora insiste en que el Estado debe retomar su papel: fortaleciendo las cadenas de producción y no, a su juicio, dedicarse a “mercadear los recursos naturales”.
En su oficina del CEI ubicadas en Managua y adornada por afiches que pregonan consignas contra los acuerdos de liberalización comercial, este ex estudiante de la antigua Unión Soviética pero también de Estados Unidos insiste en que la gente, y no las transnacionales, deben convertirse en el centro del Cafta.
Representantes del Gobierno han dicho que cómo organizaciones como el CEI pueden oponerse al Cafta y presentar un recurso por inconstitucionalidad, cuando declinaron participar en el proceso de negociación ¿cómo responden a esos señalamientos?
No se trata sólo de participar. Primero tenés que analizar el contexto en el que vas a participar. El Gobierno te decía, te invitaba a participar en la consulta, pero no te daba el documento previo, entonces la consulta y la participación son dos procesos que van de la mano. Uno no puede participar de manera adecuada si no tenés información suficiente para participar en el debate. Entonces, vas solamente de escucha al supuesto proceso de participación. Ahora, la participación no es un hecho aislado, sino de un proceso constante y eso nosotros no lo veíamos.
¿Pero por qué no insistieron?
El asunto es que no estaba seguro si el proceso iba a tener resultados, fue lo que miramos. Era simplemente el Gobierno tratando de legitimar su agenda para decir: miren, participó la sociedad civil, aun cuando esa participación no tuvo frutos, porque muchas organizaciones dicen estar decepcionadas porque en ningún tema, ninguno de sus aportes fueron incluidos.
Pero el Gobierno decía que informaba del desarrollo de las negociaciones en cada una de las rondas…
Todo lo que el Gobierno informaba en el cuarto adjunto que se llamó, eran temas en los cuales ya se habían tomado decisiones. No informaba nada de antemano. Recuerdo que el señor Carlos Sequeira, el jefe negociador de Nicaragua, decía que no podía decir nada porque estaba el proceso de negociación y que no se le podía dar la piedra a los norteamericanos. Entonces, para qué vas a participar en un proceso donde no hay voluntad política de que la sociedad civil participe realmente, donde el Gobierno tenía concebido lo que iba a negociar y, obviamente, lo que ibas a tener era un desgaste. Nosotros decidimos no participar porque no habían condiciones y además el proceso ya estaba viciado desde el inicio.
Menciona que el CEI ha venido estudiando los impactos de los acuerdos de libre comercio ¿qué resultados concretos han encontrado?
Ha habido numerosos estudios que demuestran que un TLC no es la solución para nuestros problemas. Basándonos en la realidad de México, con un libro que publicó Alberto Arroyo, donde aborda el impacto del Nafta, se ha comprobado que el Nafta ha significado para el pueblo mexicano más desempleo, la destrucción del campo y de la industria. Incluso, el mismo Partido Revolucionario Institucional, PRI, el mismo que negoció y firmó ese tratado, diez años después dice que el Nafta fue un fracaso. Aun cuando los economistas plantean que ha habido un incremento en la inversión y en las exportaciones en México, pero ambas pertenecen a las transnacionales y eso no necesariamente significa que se haya transformado el mecanismo de distribución de la riqueza.
En el caso del Cafta ¿por qué dicen que es inconstitucional?
Es inconstitucional porque le está quitando facultades al Estado, porque el Estado es el encargado de velar por el desarrollo armonioso de los diferentes sectores económicos del país. Pero no miramos eso, por el contrario, el Gobierno está promoviendo monopolios de las transnacionales, ya lo vemos en la energía, y lo veremos en las telecomunicaciones.
Se dice que estas posiciones están basadas sobre todo en asuntos ideológicos
El Gobierno dice irresponsablemente que estos planteamientos están basados en premisas ideológicas, no es así. Pero la premisa fundamental es que estos tratados no están diseñados para defender los intereses de los nicaragüenses. Un solo ejemplo: el negociado en las medicinas afectará a la gente más pobre, porque las transnacionales son las que van a venir a controlar el mercado de las medicinas, porque un buen porcentaje de genéricos que fácilmente se pueden vender aquí, no se va poder comercializar.
Pero se dice que el Cafta bien podría aumentar las inversiones y con ello aumentar la generación de empleos
Lo que miramos es más desempleo y efectos negativos en la población. El problema es que el Gobierno piensa que lo que es bueno para las empresas extranjeras, es bueno para el pueblo nicaragüense, y eso es falso. Las transnacionales sólo vienen con visión de recuperar su inversión, dicen que no son Madre Teresa de Calcuta.
Entonces ustedes no quieren la ratificación del Cafta bajo ningún punto de vista
Creemos que el Gobierno tiene que ser más inteligente. Este tratado que no se apruebe, porque le vendrá a dar el tiro de gracia a la agricultura, a los agricultores de maíz que no van a poder competir con las transnacionales norteamericanas que sí tiene una gran cantidad de subsidios. Afectará a los productores de sorgo, arroz, frijoles…
¿Pero entonces qué debería hacer el Gobierno?
Debe fortalecer las cadenas productivas, en vez de debilitarlas. Nicaragua produce el 70 por ciento del arroz que consume, e importa el 30 por ciento. La lógica económica te diría se debe fortalecer la cadena productiva para tratar de cubrir el cien por ciento del consumo nacional, pero los productores están pagando más impuestos, más electricidad, más combustible, entonces los costos de producción se incrementan, los productores no pueden ser competitivos cuando en un TLC estás abriendo tu economía para que te invadan de productos.
El candidato presidencial demócrata, Jonh Kerry, decía el fin de semana que buscará renegociar el Cafta si gana las elecciones de noviembre. ¿Apoyan esa posición?
No sólo esto, sino que no compartimos la lógica de darle más poder a las transnacionales. No es que tengamos fobia a las inversiones extranjeras. Si se establecen en lugares donde se necesitan, bienvenidas sean, pero sólo se están apoderando de las áreas económicas que son rentables y donde van a tener un menor riesgo en su inversión.
¿Pero me acaba de decir que están contra la aprobación del tratado?
Sí
¿Pero entonces cuál sería su propuesta para fomentar el desarrollo que el Gobierno dice fomentaría el Cafta?
Te dicen que el Estado debe convertirse en facilitador de la economía, pero eso no te garantiza el desarrollo armonioso de la economía de un país. Estamos de acuerdo en un tratado con una lógica diferente, donde la gente sea el centro de ese proceso, no las transnacionales.
¿Pero insisto cuáles serían las alternativas de desarrollo?
Hay que recuperar el papel del Estado, no puede simplemente mercadear los recursos del país, que es lo que ha estado y está haciendo. Por ejemplo, ha vendido empresas rentables a guate mojado, como Enitel, cuyos dueños actuales hoy la venderán mas caro.
¿Y esa recuperación del papel del Estado en qué consistiría, cómo encajaría con el crecimiento económico?
Se tendría que hacer uso de todo el marco legal del país, porque no es posible que se siga diciendo que la empresa privada es solamente la responsable del desarrollo económico. Pero el Estado tiene que jugar un papel determinante en esto. Entonces, el Gobierno tiene que fortalecer la actividad productiva de este país, y me refiero a los productores de granos básicos, que son los que garantizan la seguridad alimentaria. Un país dependiente de las importaciones de alimentos, es un país que fácilmente puede ser sometido a presiones económicas y políticas.
¿Pero el Cafta fomentará la inversiones de varios sectores, según dice el Gobierno?
Dice que hay que reconvertirse, que hay que exportar pitahaya, melones, sandías, hamacas, pero me pregunto que si se destruye la capacidad productiva de este país vamos a comer entonces estos productos.
DEL SOCIALISMO AL CAPITALISMO
Carlos Pachecho es el encargado del área de Justicia Global del Centro de Estudios Internacionales (CEI), que es el área de investigación e incidencias en temas como los acuerdos de libre comercio.
Nacido en Managua, en 1974, este joven soltero confiesa que estudió Relaciones Internacionales en la década de los años ochenta en la antigua Unión Soviética, pero al mismo tiempo se defiende y agrega que luego cursó una maestría en Integración Económica en Estados Unidos “para decir que esta posición (sobre Cafta) no es una cuestión ideológica porque estudié en los dos lados”.
“Yo me defino como una persona que está en contra de la injusticia. El Cafta es solamente un mecanismo de opresión. Me defino como una persona que está en contra de la guerra y de la deuda externa, porque ambas son mecanismos de opresión y dominación”, responde al ser consultado si es anticafta.
“Izquierdosos y cabezas calientes”
El Centro de Estudios Internacionales (CEI) nació en 1990, un año después de la caída del Muro de Berlín en Alemania, cuando según el mismo Carlos Pacheco, se estaba dando “una recomposición mundial de los poderes globales” pero también “del conflicto nicaragüense” cuando el 25 de abril de 1990 resultó ganadora la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro.
Por un lado, el CEI se ha dedicado a estudiar los procesos de reconciliación y reinserción a la vida civil de los antiguos combatientes de la Resistencia Nicaragüense y del Ejército, y por el otro a analizar los procesos de libre comercio y sus impactos en la vida nacional.
“El recurso de amparo (contra el presidente Bolaños y el ministro Arana) lo estamos haciendo como una forma de denuncia… aunque el Gobierno diga que somos un montón de cabecitas calientes e izquierdosos trasnochados. No es así”, sostiene Pacheco.