Fernando A. Malespín Ferreti
Es lamentable y repudiable el comportamiento de algunos diputados de los dos partidos mayoritarios en la Asamblea Nacional. Si el pueblo depositó en ellos su confianza para dictaminar y aprobar leyes en beneficio de todos los nicaragüenses, especialmente los más pobres, deberían observar una conducta más congruente con su alta investidura.
En lo que va del año es muy poco lo que han hecho en materia legislativa. Han desperdiciado el tiempo en politiquería, en berrinches para tratar de liberar de la cárcel a su líder máximo o para desprestigiar al Presidente de la República.
El cabildeo se ha centrado en ganar posiciones en la Junta Directiva y aprobar la ley creadora de la Superintendencia de Servicios Públicos, dependiente del Legislativo, para incrementar su poder político y administrativo y debilitar al Poder Ejecutivo.
Las iniciativas de ley enviadas por el Poder Ejecutivo han sido anuladas, por venganza y chantaje político. Hay una actitud coordinada de los dos partidos mayoritarios para socavar la Administración Pública, como consecuencia del pacto de 1999.
Los analistas consideran que la crisis de credibilidad de los políticos es efecto directo de los vicios de caudillismo. Nicaragua tiene que acabar con ese cáncer para encontrar el camino de la verdadera democracia.