José Santos Gómez (derecha), después de su jornada en la milpa, se integra a la “cabina” de transmisiones de la radio que ellos mismos inventaron en la comunidad La Esperanza.

Una radio en medio de bejucos

Dos ingeniosos campesinos de una comunidad remota de las montañas de San José de Bocay, han ideado una radioemisora hecha de viejas grabadoras, que sin embargo, es la sensación de “la comarca y sus alrededores” Orlando Valenzuela En lo alto de una colina rodeada de tupidas montañas, destaca una casita de techo de zinc y […]

  • Dos ingeniosos campesinos de una comunidad remota de las montañas de San José de Bocay, han ideado una radioemisora hecha de viejas grabadoras, que sin embargo, es la sensación de “la comarca y sus alrededores”

Orlando Valenzuela

En lo alto de una colina rodeada de tupidas montañas, destaca una casita de techo de zinc y paredes de palos rollizos amarrados con bejucos. A un lado, una larga caña de bambú con una pequeña antena de televisor en la punta contrasta con el impecable azul del cielo en la comunidad La Esperanza, distante seis kilómetros al este de San José de Bocay, Jinotega.

Se pensaría que es la vivienda de un privilegiado campesino disfrutando de la magia de la televisión, pero no es así, pues esta rústica casa es nada más ni nada menos que la cabina de transmisión de la Radio Stereo 2000, construida por dos ingeniosos campesinos de esta comunidad.

La planta transmisora es tan pequeña, que alcanza en una mochila escolar, pues apenas está compuesta por dos diminutas y destartaladas grabadoras, las que con algunos alambres conectados entre sí logran emitir con nitidez asombrosa, la voz de estos improvisados locutores y la música ranchera con que amenizan sus programas.

José Adán Hernández, de 20 años y José Santos Gómez, de 27, son los dos agricultores que han sorprendido a sus vecinos y la población de San José de Bocay, hasta donde se escuchan sus emisiones radiales todas las tardes.

¿Cómo lo hicieron? Ni ellos mismos lo saben, lo cierto es que sin ningún conocimiento científico, ya que ambos apenas aprobaron el primer nivel de educación multigrado (primer y segundo grado de primaria), hace cuatro años José Adán se puso a travesear la vieja grabadora de su casa: desconectó un cable, lo unió a otro, conectó un circuito con otro y de pronto escuchó su propia voz en el radio que estaba encendido en su cuarto. Siguió experimentando y un día de tantos se apareció por la comunidad José Santos, con el que luego se asoció para intentar crear una radio que se escuchara más allá del patio de su casa.

“Todo fue por pura prueba”, dice José Adán, pues al principio casi no se escuchaba la frecuencia. Lo intentaron una y otra vez, hasta que probaron echando a perder seis grabadoras, cada una de 300.00 córdobas, “porque no es cualquier marca la que sirve para transmitir”, asegura.

UNA PROGRAMACIÓN AL GUSTO DEL OYENTE

José Santos cuenta que un día se les ocurrió instalar la “Radio” en una casita de paredes de varillas y palos rollizos ubicada en lo alto de una colina y el resultado fue que la radio se escuchó más lejos, a tal punto que durante Semana Santa más bien parecía que la gente estaba pagando penitencia subiendo la empinada montaña para llevar sus papelitos con mensajes de felicitaciones o avisos a parientes que viven en San José de Bocay y hasta la Costa Atlántica (la gente no sabe que la frecuencia no llega hasta allá).

Como si fueran una empresa radial de vasta experiencia, los dos José se las ingeniaron para organizar una programación al gusto de la gente de su comunidad y así, después de su jornada laboral en el campo donde siembran maíz frijoles y hortalizas para su sobrevivencia, inician las transmisiones a las 11:00 de la mañana con “Variedades 2000”, que es un programa de música variada. De 2:00 a 3:00 p.m., la radio transmite un espacio “pagado” llamado “La luz en mi camino”, dirigido por un pastor evangélico que paga cincuenta córdobas al mes y de 3:00 a 4:00 p.m. ellos mismos toman el micrófono y transmiten un programa muy escuchado llamado “El rancherito de las tres”, con música corta pulso de los Tigres del Norte, Miramar, Vicente Fernández, Lucha Villa, Paquita la del Barrio y otros.

Para financiarse, han creado un método muy sencillo: Por sólo diez córdobas al mes, una persona se asocia y tiene derecho de enviar mensajes, complacencias y hasta dirigir mensajes “en vivo” desde la cabina de transmisión.

Pensando en grande, los dos amigos hicieron un esfuerzo y lograron comprar un panel solar para alimentar las grabadoras porque les resulta muy caro estar comprando cada semana ocho baterías para las dos grabadoras. El problema es que con el panel solar sólo pueden transmitir durante el día porque no tienen baterías de carro para acumular energía y transmitir durante la noche o en días nublados, ya que en esta zona llueve diez meses del año.

LA REPETIDORA

Para que la gente ya no tenga que subir la colina de más de 600 varas, José Adán ya dispuso de otra grabadora, una “repetidora”, la que será instalada donde antes estaba la “cabina” y ahora transmitirán desde la casa de José Santos, ubicada en la parte baja de la montaña que tiene como pico la famosa Piedra del Bijay . Por el momento, estos ingeniosos campesinos, esperan seguir experimentando para ampliar la potencia de su Radio Stereo 2000, bautizada así por ser el año en que empezó esta idea que hoy es una realidad.

“Nuestra idea es seguir adelante, con el apoyo de nuestra comunidad que está pendiente de la radio, algo que nunca había existido en este lugar y que ahora le sirve de mucho”, expresa con sencillez José Adán.

Por ahora, su meta es conseguir una batería de camión. Sólo esperan un poco de ayuda de gente u organizaciones que apoyen la creatividad, la iniciativa y las ilusiones de soñadores como ellos.

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