Georgios Karagounis, mantiene a salvo el balón, pese al acoso del francés Olivier Dacourt, en el duelo de la gran sorpresa.

Francia "decapitada"

Grecia añade a Francia a la lista negra Edgard Tijerino M. Lo inesperado, continúa agrediéndonos. Francia, el último campeón de Europa, dobló sus rodillas frente al empuje griego durante la mayor parte del tiempo en un partido aguijoneado por la angustia, y al minuto 64, cuando la presión comenzaba a apretar los tobillos y estrujar […]

  • Grecia añade a Francia a la
    lista negra

Edgard Tijerino M.

Lo inesperado, continúa agrediéndonos. Francia, el último campeón de Europa, dobló sus rodillas frente al empuje griego durante la mayor parte del tiempo en un partido aguijoneado por la angustia, y al minuto 64, cuando la presión comenzaba a apretar los tobillos y estrujar los corazones, cayó fulminado por el proyectil salido de la cabeza de Charisteas, sobre un centro trazado con exactitud geométrica por Zagorakis.

Grecia 1-Francia 0. Pueden creerlo ahora que hemos regresado a la calma.

Uno se pregunta aturdido: ¿Quién diablos cambió las imágenes? No, no es posible que sean las cabezas de Zidane, de Henry y de Barthez, las que golpean el piso, mientras imaginariamente, Pericles, quien nunca vio un partido de Copas Europeas, parece levantar sus puños en las tribunas, y buscar un abrazo con Charisteas.

La maniobra fue de Zagorakis por la derecha, penetrando sin sigilo, con la cabeza levantada buscando la ubicación de sus compañeros y asegurando el desplazamiento con pelota dominada.

Se cerró un poco, entró al área impunemente, y vio a Charisteas con espacio disponible para una apropiada recepción vía aérea, libre de marca.

Hacia esa cabeza, por un momento la más importante de Europa, fue el pase de Zagorakis, ayudado misteriosamente por Fidias.

Ahí estaba Barthez, el arquero francés, inutilizado, escalofriado por el zumbido del balazo que se metió por el lado izquierdo de la cabaña, imprevisible, como todo cabezazo en la zona roja.

Millones de alientos se detuvieron, como desconectados súbitamente de lo lógicamente posible. Pero ¿qué tanto prevalece la lógica en un deporte cada vez más competitivo?

Podría haber sido la última Eurocopa para el Mariscal Zidane. Casi no se vio, y esa ausencia, privó de creatividad las arremetidas de Francia, en la mayoría de los intentos, dependiendo de la gestión individual.

Un solo disparo a puerta de Francia en los primeros 45 minutos. Qué extraño, un equipo caracterizado por suficiente pólvora y la necesaria coherencia, deambulando en la cancha sin claridad.

Y Grecia fue estableciéndose, ocupando posiciones, manejando con propiedad los espacios vacíos, trasladando el balón y abriendo juego por las rayas en busca de desarticular una defensa otrora militarizada e implacable.

Los griegos mostraron un mejor funcionamiento, y cuando se vieron forzados a soportar los embates franceses espoleados por la desesperación, se replegaron ordenadamente, apostaron al anticipo, y patrullaron bien el área, mientras las baterías del reloj se agotaban.

De esa forma, las esperanzas de Francia fueron decapitadas en la Plaza de la Concordia. Zeus, el protector de Grecia, con su tórax ampliado, rugió estremeciendo el planeta cuando Charisteas acertó el cabezazo.

LO QUE VIENE

Hoy, el versátil y siempre temido equipo de Holanda, derrotado 3-2 por la República Checa en uno de los mejores juegos del torneo, se enfrenta a la frialdad y solidez de Suecia, naturalmente con las barbas en remojo.

Mañana, garantizado el espectáculo: Dinamarca enfrenta al funcional equipo checo en duelo de ex Campeones.

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