- Falló Beckham y Portugal avanza
Edgard Tijerino M.
Cuanta razón tenía Confucio. En la vida, todo debería de ser asunto de merecimientos. Ciertamente, Portugal mereció el triunfo ayer en el inicio de los Cuartos de Final de la Eurocopa. Fue por penales, pero justo. 6 por 5 el marcador global.
El “cadáver” de Inglaterra se agregó a los de Alemania, Italia y España.
Después de un 1-1 en el tiempo regular, y un 2-2 en la prórroga, fue necesario resolver por los tiros desde los 12 pasos, una especie de cámara de gas para todos.
Y ganó Portugal, pese al fallo de Rui Costa en las ejecuciones, en tanto David Beckham y Darius Vassell malograron sus oportunidades por Inglaterra.
El momento más espectacular del juego, fue en el tiempo extra cuando Portugal se adelantó: una obra maestra de Rui Costa, avanzando, serpenteando, batallando tenazmente con los fieros marcadores ingleses, consiguiendo posición de tiro y apretando el gatillo que esconde en su botín derecho aprovechando un ángulo apropiado, hizo permeable la firme y heroica defensa inglesa, empujando a Portugal a una merecida ventaja 2 por 1, que por unos instantes tan prolongados como la eternidad, dio la impresión de asegurar el boleto portugués para semifinales.
El dramatismo combinado con la euforia, cobijaba el estadio de Lisboa con el mundo admirado. Y es que con el tiempo de la prórroga comenzando a agotarse, Rui Costa tomó prestado el pincel de Da Vinci y trazó sobre el césped esa maniobra genial que culminó en las redes defendidas por James.
Parecía la estocada definitiva de Scaramouche, pero Inglaterra, boqueando angustiosamente, sangrando con profusión escalofriante por la reciente herida, obtuvo una extra de oxígeno, y se volcó con ordenamiento, ocultando su desesperación, hasta fabricar la posibilidad de salirse del ataúd en las puertas del cementerio.
Una perfecta bajada de balón aéreo con cabezazo al piso, fue controlado por Lampard, quien con un giro perfecto de reloj suizo, quedó frente a la valla de Ricardo, y disparó con la frialdad y precisión de Wayatt Earp en el viejo Oeste.
La multitud enmudeció y el Estadio se sintió repentinamente sepultado, mientras la pizarra mostraba el empate 2-2 justo cuando las luces flaqueaban.
Aún no se entraba en calor, cuando Inglaterra, en ventaja muy temprano por el gol de Michael Owens, se vio sin el atrevimiento, la dinámica, vitalidad y certeza ejecutiva de Wayne Rooney, el chavalo líder goleador de la Eurocopa, afectado por una lesión. Fue algo así como perder un pulmón en la última etapa del Tour de Francia.
Portugal ofreció su mejor esfuerzo tomando todos los riesgos, y ejerció un mayor dominio del balón al mismo tiempo que parecía multiplicar sus hombres, presionando intensamente.
LA REVANCHA
La salida de Figo, caudillo portugués, colocó debajo del filo de la cuchilla el cuello del entrenador Scolari, pero el reemplazante Hilder Postiga, con un oportuno cabezazo ante la paralizada defensa inglesa, equilibró el partido con toda la justicia del caso, cuando corría el minuto 81 y se escuchaban los rugidos desde Londres.
Luego, el vértigo de la prórroga, los goles de Rui Costa y Lampard, y la definición por medio de penales, con un fallo portugués y dos ingleses en seis intentos.
Es decir, 38 años después del Mundial de 1966 y de los goles de Bobby Charlton que neutralizaron el de Eusebio, Portugal ajustó cuentas con Inglaterra. Merecidamente.