Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Discípulos de Osama Bin Laden y Al Qaeda han decapitado a Nicolás Berg, de 25 años; a Paul M. Jonson, de 49 años, ambos estadounidenses, y en esta semana al coreano Kim Sum-il, de 33 años. El espíritu de los asesinos del pasado lo han clonado salvajemente en contra de sus semejantes, no sólo cortando la cabeza al enemigo sino globalizando el terror, al transmitir las imágenes por internet.
La decapitación es una práctica milenaria en la historia de la humanidad y era aplicada contra lo peor de la sociedad. El acto de cortar personalmente la cabeza fue sustituido por la guillotina, ampliamente usada en Francia y Alemania. Después se pasó a la silla eléctrica para llevar a cabo la pena capital.
Nicaragua no estuvo exenta de dicha práctica. Tengo en la memoria imágenes de los campesinos en Las Segovias, entre ellos un padre y su hijo, quienes fueron decapitados por Pedrón Altamirano, que también practicaba los aberrantes cortes de chaleco.
Afortunadamente los herederos de las prácticas de Pedrón Altamirano y sus asociados se extinguieron o evolucionaron con el paso de los años, dejando atrás las decapitaciones y los cortes de chaleco, pero sin haber podido borrar el triste recuerdo de sus acciones.