- Lo mejor y lo peor del matrimonio. Dos parejas —una relativamente joven y otra con casi cuatro décadas de casadas— nos cuentan sus vidas y sus secretos para mantener vivo el amor y la pasión
«El amor lo vence todo”, fue la frase que la abuela de María Cristina le dijo antes de casarse. Y con esa esperanza se embarcó en una de las mayores travesías que el ser humano puede tener: el matrimonio.
Lo que la abuela de María Cristina nunca le dijo fue lo difícil que resultaría el hecho de adquirir nuevos gustos en pos del amor. Ciertamente, después de cuatro años de casados, los años maravillosos del noviazgo ya no son tan maravillosos. Después de los primeros años, ha corrido mucha agua bajo el puente y aquellas dificultades que antes no existían se transforman en verdaderos abismos.
Según Alberto Sánchez Argüello, psicólogo de la Facultad de Humanidades de la Universidad Centroamericana, para unirse en matrimonio es necesario que las personas hayan alcanzado un proceso de maduración emocional y de auto-individualización necesaria para poder compartir con otra persona sus soledades, sus espacios, y no por ello aniquilarse en el proceso.
Según el especialista, si los individuos no han alcanzado esta etapa o al menos están en ese proceso, el matrimonio puede convertirse en un obstáculo para su desarrollo personal, sobre todo si se toma en cuenta desde la perspectiva de las dependencias afectivas.
Muchas veces las personas pueden asumir que el matrimonio es una especie de tabla de salvación de la soledad y las transitan directamente de la casa de sus padres -donde todavía tenían una dependencia no sólo económica sino afectiva- hacia el matrimonio.
Según el especialista, otro de los problemas es la forma en que las parejas viven el romanticismo. Durante el noviazgo el hombre es muy detallista y romántico, pero luego, durante el matrimonio lo olvida porque ya ha conquistado. Mientras que la mujer vive el romanticismo igual hasta sus últimos días.
MADUREZ PARA LA PERPETUIDAD
Antes de casarse se debe estar consciente que los individuos, ya sea que tengan cinco, diez o quince años de matrimonio, seguirán transformándose y creciendo. “La tesis popular de que la persona deja de crecer, de madurar después de los 20, 30 años es totalmente falsa, todos tenemos la posibilidad de cambiar hábitos”, puntualiza. Y estos cambios pueden afectar al matrimonio por lo que es necesario aceptar y respetar al otro y sus cambios, no querer que sea siempre igual, con sus mismos gustos e intereses.
ELLOS CUENTAN SUS HISTORIAS
Ida Lugo Balcácerez y Thomas Delaney Solís, con 37 años de casados, suponen que precisamente el romanticismo ha sido uno de los elementos que los ha mantenido unidos durante tanto tiempo. Doña Ida cuenta que su esposo ha sido muy detallista y amoroso. Cada aniversario de bodas ella cuenta con un ramo de flores, don Thomas cocina para ella y hasta cuenta con una “Cajita del tesoro” donde guarda todas las tarjetas que ha recibido.
Esta pareja, cuyo noviazgo duró dos años y se casaron en 1967, ella de 19 y él de 26 años, procrearon tres hijos, Ida Patricia de 29 años y modelo profesional; José Thomas, un abogado de 27 años; y Julia Karina con 25 años y maestra bilingüe. Para ellos los hijos fueron una bendición y ahora que son mayores, “no meterse en sus decisiones en lo que respecta a sus profesiones y sus matrimonios” ha sido fundamental.
Don Thomas considera que las vivencias de un matrimonio no se pueden calificar entre fácil y difícil sino simplemente vivencias que se deben enfrentar y superar. “Hay momentos difíciles, tristes, felices, pero no se pueden aislar uno del otro porque en todo su conjunto hay un proceso de vivencia y maduración y a medida que pasa el tiempo se va profundizando”, indica.
Ellos consideran que lo más triste en un matrimonio es cuando las dificultades no se superan. Y aconsejan a las parejas jóvenes y recién casadas, “no pensar que viven en una eterna luna de miel porque al casarse están iniciando un reto”, el reto de enfrentar la cotidianidad y superar las dificultades manteniéndose unidos y en armonía.
“EL MATRIMONIO NOS HACE MEJORES PERSONAS”
Mara Navarrete y Esteban Bendaña, juntaron sus vidas en el año 1997, después de cuatro años de noviazgo. Con siete años de casados, este matrimonio relativamente joven considera que el éxito de su unión se debe a que han logrado ser complemento del otro.
Se casaron a los 26 años de edad y “no fue difícil complementarnos”, afirma Navarrete. Como todo matrimonio que comienza, la llegada de los hijos trajo consigo nuevas preocupaciones, como la de adquirir una casa propia.
“Al inicio, lo que no me gustaba de él es esa forma comedida en las finanzas, pero luego comprendí que más que ser un defecto es una virtud que nos permitió tener nuestra casa propia”, dice.
Mientras él agrega que tomó la decisión del matrimonio “bien consciente de las responsabilidades”.
Mara y Esteban tienen tres hijos. Paco con seis años de edad, Andrés y Eduardo, son gemelos con apenas dos años.
ALGUNAS IDEAS
En el matrimonio hay una serie de fenómenos que se encuentran presentes.
Individualidad: Existen personas que son más introvertidas, que prefieren espacios individuales, otras son más extrovertidas y sí prefieren tener más espacios colectivos que individuales. Si en el matrimonio hay una mezcla de ambos tipos de personalidad puede haber problemas, porque uno va a jalar más a mantener su espacio privado y el otro hacia compartir todo lo que le pasa por la cabeza o el corazón.
Diferencias: Es importante reconocer que somos diferentes y que podemos ser complementarios. Respetar estas diferencias es una clave importante para que el matrimonio sea exitoso.
Tolerancia: En un matrimonio se debe ceder. Cuando el individuo se casa sabe que tiene que abandonar un poco de su individualidad y siempre uno va a abandonar un poco más que el otro. Lo ideal sería que los dos cedieran por igual, dando algo.
(Con colaboración de Hilda Rosa Maradiaga C.)