- Después de múltiples contratiempos, Ken Griffey Jr. vuelve a rendir con el bate
Jayson Starks/ESPN
“Es una gran sensación jugar delante de esta gente ahora, y sentir su respeto. Y creo que está directamente relacionado con el hecho de figurar entre aquellos nombres, en la lista de 500 cuadrangulares”, dijo Mike Schmidt después de conectar su jonrón número 500, en referencia a los mismos fanáticos que lo habían abucheado durante 15 años.
Es sólo un número. Pero para algunas personas es un número que lo cambia todo.
Hace 17 años, cuando Mike Schmidt se convirtió en el miembro número 14 del club de los 500 cuadrangulares, quedó impresionado por cómo su ingreso en esa fraternidad sagrada cambió la percepción de él en la ciudad en la que había jugado toda su vida.
Había soportado 15 años de frustración, tratando de encontrar la manera de acallar los abucheos y ganarse los corazones de Filadelfia. Pero cuando alcanzó los 500, sus admiradores despertaron. Como dijo Schmidt alguna vez, fue como si, de repente, los fanáticos tomaran conciencia: “Todo esto estuvo ocurriendo, directamente frente a nuestros ojos, durante todos estos años”.
Desde aquel día en adelante nada fue igual para Mike Schmidt. Durante 15 años parecía que nunca hacía suficiente. Por el resto de su carrera, pareció que nunca hizo nada demasiado mal.
Fue el número 500 lo que le cambió la vida. Y ahora está pasando otra vez. Le está pasando a Junior Griffey.
Durante cuatro años vimos cómo su historia de amor con su ciudad natal de Cincinnati iba peor que la de Ben y J-Lo. Durante cuatro años vimos a los fanáticos decepcionarse con la misma estrella en caída que solía seducirlos con su sonrisa y su swing tan dulce.
¿Cómo explicar entonces, lo que sucede ahora? ¿los destellos de flashes? ¿las colas en la ventanilla para comprar entradas? ¿el ruido que se oye cuando él se dirige al plato, un ruido que sospechosamente suena a aplausos?
¿Cómo explicarlo? Quinientos home runs.
Pero el ruido no se refiere sólo al presente. Está conectado, también, con todo lo asombroso que hizo Griffey antes de jugar un solo partido en Cincinnati.
Después de todo, estamos hablando de un hombre con siete temporadas de 40 jonrones. Solamente tres jugadores en la historia —y ninguno de ellos fue jardinero central— han tenido más. A saber: Babe Ruth, Hank Aaron y Harmon Killebrew.
Estamos hablando de un hombre que alguna vez tuvo cuatro temporadas consecutivas de al menos 40 cuadrangulares, 130 RBI y 120 carreras anotadas.
Sólo un jugador —Ruth— logró en una oportunidad más temporadas consecutivas como esas.
Estamos hablando de un hombre que, a pesar de sufrir tantas lesiones, alcanzará los 500 cuadrangulares a una edad más joven que todos excepto cinco hombres de una de las listas más exclusivas del beisbol.
Y estamos hablando de un hombre que se une a los otros dos únicos jardineros centrales en el Club de los 500: el gran Willie Mays y Mickey Mantle.
Un grupo bastante bueno.
En última instancia, todo lo que la gente quería era la posibilidad de volver a aplaudir a Junior Griffey. El hombre ha regresado, en uno de los equipos sorpresa del año, con la mítica marca como señuelo para hacer que todos nosotros prestemos atención a cada movimiento suyo.
Tenemos que estar agradecidos. Agradecidos de que ese número mágico —500— nos haya recordado lo que Junior Griffey alguna vez significó para este juego, y lo que ahora ha vuelto a significar. Finalmente.