Tomás Romero
Sobre el Editorial de LA PRENSA del 16 de junio, relativo al viaje del presidente Bolaños a Japón y a lo provechoso que sería tomar el ejemplo de ese pueblo para poder cambiar nuestra suerte, siento en lo particular, sin tratar de ser fatalista, que tendríamos que recordar el dicho español que reza: “Lo que natura non da, Salamanca non lo presta”.
Es muy difícil tratar de replicar los aspectos culturales de aquellos pueblos que han vencido a la adversidad y han alcanzado niveles de bienestar reconocidos mundialmente. A muchos de ellos les ha tomado siglos interiorizar y acrisolar sus códigos de honor, respeto, disciplina y responsabilidad.
No me puedo imaginar a un político criollo, después de habérsele descubierto algún delito, error o desliz, hacerse el harakiri para lavar su honor y el de su familia; lo más probable es que con el mayor cinismo del mundo lo niegue hasta la muerte, o si es posible le echa la culpa al vecino y de ipegüe le atraviesa el cuchillo por la espalda.
De la misma forma sería inconcebible para los finlandeses la piñata de nuestros “libertadores” o que el Parlamento sueco estudiara el indulto para un convicto de haber quebrado fraudulentamente a un banco. ¿Acaso podrían los chilenos tolerar a un inverecundo taxista deteniendo su vehículo en plena vía pública para aliviar sus necesidades fisiológicas?
Por otra parte, no observo en nuestras escuelas ningún indicio de que se fomente un cambio en los valores de nuestro pueblo. Las autoridades educativas, manipuladas por los grupos fundamentalistas han puesto todo su empeño en promover la mojigatería, descuidando los valores fundamentales que demanda nuestro futuro. De continuar así, la única virtud que tendremos que cultivar será la gratitud, pues estaremos condenados a vivir con la mano estirada.