Roberto Carlos Guillén Hernández
Como futuro bachiller —dentro de 5 meses— me siento alarmado por la calidad de la educación superior en Nicaragua. Datos que no conocía, pero que gracias a artículos publicados en LA PRENSA después del 4 de junio, me han motivado a investigar y los resultados no son más condescendientes que los artículos publicados desde dicha fecha: universidades descartables (aunque no todas), con una preparación académica sin visión de futuro ni perspectiva de ser una opción para preparar profesionales adecuados a las exigencias de la globalización.
Conste que no me refiero sólo a las universidades públicas —que con burocracia malgastan los impuestos de los contribuyentes—, sino también a universidades privadas que ofrecen el cielo con tal de captar a más estudiantes en detrimento de la exigencia de excelencia académica.
Pero gracias a Dios no todo está perdido. Existen verdaderas instituciones de educación superior que preparan al estudiante para pensar y no a reproducir, a investigar y no a copiar, a valerse de las artes y ciencias como complemento indispensable de la carrera profesional, haciéndolos aptos para desempeñar cargos en cualquier parte del mundo cambiante.
Espero que las universidades locales sigan el ejemplo de estas instituciones y acepten las críticas constructivas que sabiamente hace el doctor Humberto Belli, en el anhelo de tener a universidades de excelencia y cuyos egresados sean de primera.
Estudiante del V año del Colegio Latinoamericano.