- Si la laguna de Tiscapa estuviera en México o Costa Rica quizás sería una maravilla turística. Pero Tiscapa está en Managua y sus aguas están severamente contaminadas. De momento, la Alcaldía retiró los desechos que estaban a la vista, remozó el parque que la circunda y autorizó la llegada de una empresa eco turística que instaló un canopy. Sin embargo, esto es apenas el comienzo para revertir la debacle ambiental de la laguna que ya pudrió sus entrañas
Johnny Cajina Guillén
La memoria colectiva de los managuas aún registra las primeras décadas del siglo pasado, cuando la laguna de Tiscapa era el sitio favorito de centenares de chavalos que aprendían a nadar en sus mansas aguas. También fue el lavadero preferido de decenas de mujeres humildes que “lavaban ajeno” e incluso se le consideró una potencial fuente de abastecimiento de agua potable para los capitalinos.
Era la época en que muchos turistas que visitaban la antigua Embajada americana, bajaban a la laguna para disfrutar de las peripecias de célebres clavadistas como Jimmy Tarzán, quien recibía un dólar por cada clavado que hacía desde los árboles más altos.
Ahí también arriesgó su vida Francisco Narváez, “Chico Che”, un peculiar personaje atacado en su infancia por la poliomielitis y que de adolescente dejaba a un lado sus muletas para “echarse” un clavado. No menos célebre en aquellos años fue un joven zapatero conocido únicamente como “El Mudo”, quien realizaba clavados con los pies atados.
Algunos viejos managuas también recuerdan a “Toño Murruco”, famoso por su trabajo de acarrear en sus hombros enormes bultos de ropa sucia y correr desde la entrada a Tiscapa, bajar hasta el trampolín de la Cruz Roja (por donde hoy está el anfiteatro) y depositar su carga en la zona conocida como Piedras Cuapes, donde pululaban las lavanderas.
CONTAMINACIÓN ES ANTIGUA
Pero hoy la laguna está contaminada y enfrenta una severa catástrofe ecológica. Hace más de un mes que inició el invierno y las corrientes que bajan de Las Sierras de Managua hicieron su trabajo de limpiar los cauces, arrastrando toneladas de basura acumuladas en los últimos meses del verano.
En Tiscapa, las cuadrillas de limpieza de la municipalidad no paran de trabajar. Hace unas cuantas semanas se extrajeron 350 camionadas de desperdicios depositados sobre la orilla sureste, sitio donde desagua el cauce que por 23 años ha vertido aguas residuales.
Los volquetes de basura llevaron de todo: botellas, trapos, bolsas plásticas, llantas, ramas, restos de colchones, latas, animales muertos, lodo, pedazos de licuadoras, abanicos y cualquier suerte de electrodoméstico en mal estado.
Para Salvador Montenegro, director del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos (CIRA), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), la contaminación de este incomparable cuerpo de agua inició mucho antes de lo que se cree.
La historia se remonta a 1958, época en la que por recomendación del cuerpo de ingenieros de Estados Unidos las autoridades del Distrito Nacional (antigua Alcaldía) construyeron un primer acueducto que desvió hacia Tiscapa los torrentes que bajaban de San Isidro de la Cruz Verde.
Para entonces ya la laguna llevaba décadas de ser un inmenso lavadero público, lo cual representaba también una forma de contaminación.
En 1980, el CIRA determinó a través de un estudio bacteriológico que la calidad del agua estaba dentro de los límites químicamente aceptables, pero ésta ya presentaba altos contenidos de coliformes.
El tiro de gracia es ampliamente conocido. Ocurrió en 1981, cuando la municipalidad conectó a la laguna con las correntías que bajan de Jocote Dulce y Los Duartes, a través del llamado Cauce Interceptor Tiscapa, que ha depositado sobre su lecho toneladas indescifrables de basura, aguas pluviales y sedimentos. Desde entonces Tiscapa agoniza.
LAGUNA SE SECA
Para Mauricio Lacayo Escobar, ecologista y ambientalista de la UNAN, la situación de la laguna es dramática y alarmante. En 1980, un estudio de batimetría (medición de profundidad), realizado por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), registró que en la zona sureste por donde hoy desemboca el cauce, la laguna tenía una profundidad de 38 metros a una distancia de 30 metros desde la orilla.
En 1999, un nuevo estudio realizado por estudiantes de la Universidad de Ingeniería demostró que la profundidad del cuerpo de agua en ese mismo sitio era de apenas 54 centímetros. Para entonces, prácticamente se podía caminar sobre toneladas de sedimento, explica el experto.
El Plan de manejo de la reserva natural laguna de Tiscapa, presentado recientemente por la empresa consultora Fiallos y Asociados, incluye una administración apropiada e integral de toda la microcuenca de Tiscapa.
Ésta abarca un vasto territorio de bosques y campos de siembra sobre Las Sierras de Managua, donde nacen los cauces que desembocan en la laguna y que pasan por las comarcas de Las Nubes, Las Viudas, Los Ladinos, San Isidro de la Cruz Verde y Jocote Dulce. Atraviesa también zonas densamente pobladas de la capital ubicadas al sur de la laguna y en su recorrido se depositan las toneladas de desechos que asfixian a Tiscapa.
UN PLAN TENTADOR PERO COSTOSO
El programa plantea también la preservación y rehabilitación del ecosistema y la creación de áreas de reservas municipales que eventualmente facilitarían la conservación de los bosques, así como el control de la frontera urbana, que según los especialistas es la principal amenaza para el ecosistema.
De igual forma se contempla la regulación de las actividades de caza y captura de la fauna, y concibe el aprovechamiento de los recursos naturales para beneficio de las comunidades, desarrollando proyectos ecoturísticos en las zonas altas y medias de Las Sierras.
A vuelo de pájaro el plan resulta atractivo. No obstante, el desvío del cauce, su aparente punto neurálgico, cuesta alrededor de 2.5 millones de dólares y la Alcaldía ha reiterado que sus recursos monetarios son limitados.
Roberto Sánchez, quien representa a la Alcaldía en la comisión que administra el parque Tiscapa, asegura que no se ha dicho la última palabra y que aún falta mucho por discutir sobre este plan.
De hecho los ambientalistas consultados por LA PRENSA tienen sus reservas sobre la viabilidad económica del plan, que consideran debe tener estudios científicos más profundos y brindar soluciones menos cuestionables.
“Hay muchas voces críticas y se debe reconocer un mérito a esta municipalidad que es haber enfrentado el reto de Tiscapa con responsabilidad”, refuta Sánchez, un veterano periodista amante de la capital, mientras camina por los renovados senderos que dan vuelta a esa laguna de singular belleza, a la que varias generaciones han dado la espalda.
LA RUTA DE TISCAPA
La cuenca de Tiscapa tiene una extensión de 23.1 kilómetros cuadrados y recibe oficialmente el nombre de microcuenca II D y forma parte de la gran cuenca sur del lago Xolotlán.
Inicia al sur de la capital, en la parte alta de Las Sierras de Managua, abarcando las comarcas de Las Nubes, San Isidro de la Cruz Verde, Las Viudas, Los Ladinos y Jocote Dulce.
Atraviesa zonas densamente pobladas de los Distritos Tres y Cinco de la ciudad como Villa Fontana, Colonia Miguel Gutiérrez, Los Robles, Reparto San Juan, Reparto Tiscapa, Barrio Jorge Dimitrov y parte del Barrio Jonathan González, abarcando también las universidades de Ingeniería, Centroamericana y Autónoma de Nicaragua.
Las aguas de escorrentía de toda esta cuenca llegan de forma natural con su carga erosiva hasta los límites de la ciudad, donde son encauzadas y se mezclan con las aguas residuales y toneladas de basura. Las tranquilas aguas de la laguna cratérica de Tiscapa son su destino final.
EL REMEDIO
Todas las voces coinciden en que urgen medidas para salvar a Tiscapa. Recientemente, la empresa consultora Fiallos y Asociados, presentó el denominado Plan de manejo de la reserva natural laguna de Tiscapa, que en esencia propone desviar el cauce que la contamina, retirar la basura de sus aguas y riberas, dragar la laguna, restaurar su ecosistema y zonificar la reserva para fines científicos y ecoturísticos.
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