Fotografías de René Ortega

Placeres antiguos en las cosas viejas

En los últimos años los pulgueros y almacenes de antigüedades se han trasladado a municipios y aldeas: las cosas del ayer se ofrecen en San Juan de Oriente como si fuesen artesanías. Mario Fulvio Espinosa Las cosas viejas están ahí en penumbras. Del salón en el ángulo oscuro, como diría Bécquer, esperando que alguien llegue […]

  • En los últimos años los pulgueros y almacenes de antigüedades se han trasladado
    a municipios y aldeas: las cosas del ayer se ofrecen en San Juan de Oriente como si fuesen artesanías.

Mario Fulvio Espinosa

Las cosas viejas están ahí en penumbras. Del salón en el ángulo oscuro, como diría Bécquer, esperando que alguien llegue y pase sobre ellas la mano acariciante que avivará el recuerdo de las costumbres muertas.

Igual que de la Caja de Pandora, de esos viejos arcones de madera hoy arrimados a una pared, emergen las añoranzas de antiguas maneras de vivir completamente diferentes a las actuales, lejanías placenteras que constituyen la canción en susurro de románticas abuelas.

Un fonógrafo sarroso evoca un tiempo de vals. Aquellos giros de crinolinas vaporosas en los salones vieneses recamados de oro que tanto vimos en películas gringas de los años treinta. O en los filmes mexicanos con fondo de valses latinoamericanos: Morir soñando, El club verde, Alejandra, Noche azul. Tiempos de fox, de jazz, de swing, de charleston con “chemisses” flojos de vibrátiles flequillos.

Llama especial atención un timbre de berlina. Cuando el cochero “fachento” oprimía con la suela del zapato el espigón de acero que hacía sonar el interior de la cápsula de hierro, los viandantes tenían que acelerar el cruce de la calle, quizás porque a bordo del coche viajaba algún personaje de campanillas.

Viejos candiles y candeleros que fueron instrumentos de vital utilidad, cuando no se pensaba siquiera en alumbrado eléctrico y un sereno se encargaba de sacar los faroles de gas de la candilería, colocarlos en postes esquineros, encender las mechas a las 6:00 p.m. y apagarlas en la madrugada.

Muebles retorcidos de las patas, muy siglo XVIII o muy estilo Luis XIV o XV, mesitas de noche barrocas de caprichosas formas y molduras, un caballito de madera que quedó solitario, sin compañeros equinos, después de haber dado infinitas vueltas en el carrousel del Furo.

No faltan las imágenes antiguas, vírgenes de mirada triste y semblante compungido, santos carcomidos, cristos mutilados por el tiempo.

Artículos de otras épocas que los recordadores irredentos pueden acariciar en San Juan de Oriente, o en diferentes sitios de la carretera a Masaya. “Tereques y chunches” que le harán evocar a don Jorge Manrique y decir junto a él: “Como a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”.

PIE DE FOTOS:

1.- La carreta, el antiguo transporte que forjó la vida de los campesinos nicaragüenses del siglo pasado. (Masaya)

2.- Máscaras de fiestas tradicionales.

3.- Lámparas de aceite de diversos estilos, candiles y candeleros de múltiples formas. (San Juan de Oriente)

4.- Viejas imágenes de San Antonio esculpidas en madera. (San Juan de Oriente)

5.- Mesas de principios del siglo pasado, hechas de caoba.

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