- Orden de derribar los aviones secuestrados llegó a los pilotos cuando todos ya se habían estrellado
- El vicepresidente Dick Cheney incluso llegó a creer que dos naves fueron interceptadas por los cazas
AP
WASHINGTON.- Los ataques terroristas de septiembre del 2001 generaron tal confusión que las autoridades no pudieron reaccionar adecuadamente ni entender lo que estaba pasando, a tal punto que el vicepresidente Dick Cheney pensó que cazas estadounidenses habían derribado dos aviones, informó el jueves una comisión que investiga los atentados.
Las agencias civiles y militares lucharon por “improvisar una defensa nacional contra un reto sin precedente que nunca habían experimentado y para el cual nunca se habían entrenado”, dijo la comisión de legisladores republicanos y demócratas.
“Luchamos ese día contra muchos fantasmas”, dijo el general Richard Myers, jefe del Estado Mayor Conjunto, ante la comisión que estudia los hechos del 11 de septiembre.
Observó que informes falsos de autosbomba y otros actos terroristas se propagaron rápidamente en las horas que siguieron a los atentados suicidas contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
La comisión emitió sus conclusiones al tiempo que celebraba su última sesión pública de una serie dedicada a examinar los peores ataques terroristas en la historia del país.
Se anticipa que el panel presentará el mes entrante su informe definitivo acerca de los ataques que segaron casi 3,000 vidas.
La comisión dijo que los esfuerzos por responder a los cuatro secuestros registrados ese día se vieron afectados por lo ocurrido en múltiples frentes.
Un avión penetró en una laguna de la cobertura por radar de la Administración Federal de Aviación. La responsabilidad de dos de los aviones secuestrados recayó entonces sobre un único controlador aéreo.
La FAA no notificó a los militares el secuestro de uno de los cuatro aviones, y también les informó de manera incorrecta que el primer avión que chocó contra el Centro de Comercio Mundial estaba todavía en el aire después del impacto.
El presidente George W. Bush se hallaba en la Florida, con lo que el principal funcionario del gobierno en Washington era el vicepresidente Dick Cheney.
Autorizado por Bush, Cheney transmitió una orden de que los aviones militares derribasen cualquier aeronave considerada hostil.
A mediados de la mañana, Cheney dijo al secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld que pensaba que esa orden se había cumplido.
“Entiendo que ya han derribado un par de aviones’’, dijo Cheney según la comisión.
DEFICIENTE COMUNICACIÓN ENTRE INSTITUCIONES
El informe de la comisión documentó un día de confusión y falta de comunicación entre la Casa Blanca, el Pentágono, la Administración Federal de Aviación y el Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica.
El presidente George W. Bush, que iba a pronunciar un discurso sobre educación en la Florida, recibió primeramente la noticia de que un pequeño bimotor se había estrellado contra una torre del Centro Mundial de Comercio de Nueva York. El mandatario pensó que se trataría del error de un piloto.
En la Casa Blanca, Cheney se preguntaba “cómo diablos un avión podía estrellarse contra el Centro Mundial de Comercio’’ cuando vio en la televisión cómo un segundo aparato se estrellaba contra la segunda torre.
Cuando se hizo evidente que el país estaba siendo atacado, Bush decidió continuar con su discurso ante una clase de segundo grado.
“El presidente nos dijo que su instinto era proyectar calma, no que el país viese una reacción excesiva en un momento de crisis’’, afirmó la comisión.
DEFENSA AÉREA DESCONCERTADA
El Pentágono, que puede poner en el aire 3,000 aviones de combate para defender a EE.UU., respondió desconcertado y de manera confusa durante los atentados del 11 de septiembre.
El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general de la Fuerza Aérea Richard Myers, dijo a la comisión investigadora que los militares no recibieron en 2001 información que indicara claramente la eventualidad de que se produjeran ataques aéreos dentro del país.
Myers dijo a la comisión que desde mayo de 2001 los mandos militares recibieron informes de inteligencia que mencionaban la preparación de atentados “pero indicaban la posibilidad de acciones en Arabia Saudí, en el Golfo (Pérsico), o Turquía, o Italia”.
“No recibimos informes que indicaran una probabilidad alta de ataques dentro de territorio continental de Estados Unidos, o del secuestro de aviones para usarlos en ataques”, agregó.
LA VOZ DEL TERROR
Eileen Putman WASHINGTON/AP
Transmisiones de radio de los secuestradores aéreos del 11 de septiembre, divulgadas el jueves por vez primera, proporcionaron una muestra vívida y escalofriante de lo que ocurrió aquel día en los cielos de Estados Unidos.
“Tenemos algunos aviones’’, dijo una voz que se cree era la de Mohamed Atta, presunto jefe del grupo de 19 secuestradores, y que hablaba a los pasajeros del vuelo 11 de American Airlines. “Quédense tranquilos y no les pasará nada. Vamos a regresar al aeropuerto’’.
La cinta con la grabación fue escuchada por la comisión en su audiencia del jueves.
Si bien Atta hablaba a los pasajeros del avión, sus palabras fueron escuchadas en el centro de Boston de la Administración Federal de Aviación. El vuelo 11 había partido de Boston.
Mientras los controladores aéreos trataban desesperadamente de ponerse en contacto con el avión, recibieron otra transmisión, también al parecer de Atta.
“Que nadie se mueva. Todo saldrá bien. Pero si tratan de hacer algo se pondrán en peligro a sí mismos y al avión. Simplemente esténse quietos’’.
Los controladores trataron de contactar a los militares, y lograron hablar con la oficina militar correspondiente a las 8:37 de esa mañana.
“Tenemos un problema aquí’’, dijo el Centro Boston de la FAA al Sector de Defensa Aérea del Nordeste. “Tenemos un avión secuestrado que va hacia Nueva York y necesitamos que ustedes, que alguien ponga unos F-16 o algo allá arriba en su camino para que nos ayuden’’.
“¿Es esto una petición de verdad o un ejercicio?”, preguntó un funcionario incrédulo del comando aéreo.
“No, no es un ejercicio, no es una prueba”, respondió Boston.
BUSH: BÁJENLOS
Después de despegar de Sarasota, Florida, Bush volaba sin rumbo fijo a bordo del avión presidencial de la fuerza aérea. El objetivo era despegar lo más rápido posible y luego decidir hacia dónde dirigirse, dijo la comisión. Cheney, que se hallaba en un refugio subterráneo de la Casa Blanca, pidió al presidente que decidiese qué debía hacerse. Bush dijo que autorizaba el derribo de los aviones secuestrados.