Sofonías Cisneros Leiva
La frecuencia con que se están produciendo los derrames de combustible son un llamado de alerta acerca de la liberalidad con que las autoridades correspondientes han considerado el transporte, distribución y manejo de los productos de petróleo hasta ahora.
La ubicación de gasolineras dentro de las ciudades parece haber dependido de las conveniencias del mercado sin considerar la seguridad de la población y la cantidad de instalaciones es tan grande que sólo es comparable a la de las farmacias.
Aparte de eso, la instalación misma de la gasolinera no ha previsto los derrames que, tarde o temprano, se producen. El área total de una gasolinera debe ser tal que permita manejar adecuadamente los derrames pequeños y grandes por medio de un drenaje superficial que conduzca el combustible derramado a una fosa de capacidad apropiada y revestida de manera que no permita filtración hacia el subsuelo y pueda ser extraído (achicado) por bombeo hacia carros-tanques.
Asimismo, el área superficial del lote de la gasolinera debe ser revestida ya sea con concreto bituminoso usando alquitrán en vez de asfalto, pues este último es soluble en los combustibles de petróleo y, además usando membranas de plásticos especiales. Éstas serían usadas también en la fosa.
Otra manera sería usar revestimiento de lodo bentonílico, que podría salir más barato.
Los derrames de productos bituminosos (asfalto o alquitrán) están bien considerados en las especificaciones generales para la construcción de caminos, calles y puentes que están en uso actualmente en la construcción de carreteras.
Advertencia: el adoquinado no debe ser permitido en gasolineras y lugares donde se manipulan combustibles, ya que es permeable.