Un antihéroe que explotó en París

GASTON GAUDIO ESTABA ATRAVESANDO LA PEOR ETAPA DE SU CARRERA, DOMINADO POR SU INESTABILIDAD EMOCIONAL Y POR LA FALTA DE CONFIANZA EN SUS POSIBILIDADES. PERO GANO EN ROLAND GARROS. AQUI, SU HISTORIA PERSONAL… Hace pocos meses, Enrique Morea, buen tenista de la década del cincuenta y actual presidente de la Asociación Argentina de Tenis, demostró […]

  • GASTON GAUDIO ESTABA ATRAVESANDO LA PEOR ETAPA DE SU CARRERA, DOMINADO POR SU INESTABILIDAD EMOCIONAL Y POR LA FALTA DE CONFIANZA EN SUS POSIBILIDADES. PERO GANO EN ROLAND GARROS. AQUI, SU HISTORIA PERSONAL…

Hace pocos meses, Enrique Morea, buen tenista de la década del cincuenta y actual presidente de la Asociación Argentina de Tenis, demostró su habitual falta de tacto y, enojado por la pésima actuación de Gastón Gaudio en la semifinal de la Copa Davis frente a España, lanzó una frase lapidaria, muy difícil de olvidar: “Gaudio no está preparado psicológicamente para jugar al tenis. No tiene sentido que siga en el circuito”. Y a decir verdad, se hacía difícil contradecirlo. Gaudio, dueño de un talento natural realmente impactante (posee probablemente, el mejor revés del mundo), penaba por los altibajos anímicos. ¿Qué ocurrió en tan poco tiempo? ¿Qué lo llevó a ser el tenista del momento? ¿Cómo hizo para coronarse en Roland Garros? Es una larga historia…

Desde niño, en el ambiente del tenis argentino sonaba repetidamente un apellido: Gaudio. Era evidente que su talento no tenía techo. Pero una serie de problemas fueron postergando su despegue. El que ahora se encuentra en el cuarto lugar de la Carrera de Campeones comenzó su vida tenística en el club Temperley, pero sus padres, Norberto y Marisa, no estaban en condiciones de solventar su salto al circuito internacional de juniors. Corría el año 1995 y Gaudio, con 17 años, necesitaba desesperadamente sumar experiencias con los mejores. Pero no podía viajar. Fue entonces cuando conoció a Horacio De la Peña, talentoso tenista argentino de la década del ochenta y actual entrenador del chileno Fernando González. De la Peña lo llevó a su academia y le prometió hacerse cargo del despegue de su carrera, pero pronto, seducido por otras opciones, lo abandonó. Gaudio supo, entonces, lo duro que le resultaría todo. Incluso, estuvo dos meses sin tocar una raqueta, convencido de que ya no tendría nuevas oportunidades.

Sin embargo, la fuerza de su talento le fue abriendo puertas. Pero todo fue lento y costoso. Mientras su compatriota, Mariano Zabaleta, campeón mundial junior en 1995, acaparaba todas las expectativas de un país que tras el retiro de Gabriela Sabatini, en 1996, se había quedado sin figuras, Gaudio se atrevió al circuito de torneos satélites y challengers. Y de a poco se fue haciendo un nombre.

En 1999 hizo su debut en un torneo de Grand Slam. Fue en Roland Garros, por supuesto, el torneo que concentraba sus deseos: “Sueño con ganarlo y después dedicarme al fútbol”, decía este fanático de Independiente. Allí, en el polvo de ladrillo parisino, llegó hasta la tercera rueda, donde cayó ante el español Alex Corretja, que tuvo una frase premonitoria: “Gaudio será un gran jugador si alguna vez comprende todo el talento que posee”.

Al año siguiente, comenzó su evolución: fue semifinalista de Montecarlo tras vencer sucesivamente a Safin y Ferrero y tomó una decisión difícil de entender: volvió a trabajar con De la Peña: “Yo sé que él no tuvo una buena actitud conmigo, pero lo importante es la relación profesional. Y la verdad es que trabajamos muy bien juntos”, dijo Gaudio. Pero cuando otro pupilo suyo, Franco Squillari, llegó hasta las semifinales de Roland Garros 2000, De la Peña decidió abandonarlo una vez más. Su representante, el chileno Patricio Apey (el mismo que acompañó buena parte de la carrera de Gabriela Sabatini), siempre confió en él: “Es un fenómeno, pero debe convencerse de eso y dejar de sentirse el peor del mundo”. Desde su despegue internacional, hace cuatro años, alternó actuaciones esperanzadoras con derrotas inexplicables. Sólo le quedaba la pasión por representar a su país hasta que la pésima actuación que motivó el enojo de Morea, lo borró de toda posibilidad de volver a la Copa Davis.

Este año venía con mal pie, más allá de la aislada buena actuación en Barcelona, donde cayó en la final ante Tommy Robredo. Por eso, llegó a Roland Garros sin fe. Incluso, en marzo, había evaluado seriamente la posibilidad de dejar de jugar. “No puedo ganar”, le dijo a su entrenador, Franco Davin, durante el duelo con el sueco, Thomas Enqvist, a pesar de que estaba muy cerca de lograrlo. Pero pudo, no sólo en ese partido, sino en todo el camino hacia su increíble sueño. Cuando avanzó a semifinales, también se sintió derrotado: “Nalbandian y Coria son galácticos. Yo estoy muy por debajo de ellos”. Y sin embargo, hoy es el dueño del festejo soñado. Con el agregado de su revancha personal con Coria, con quien se había tomado a golpes luego de la semifinal de Hamburgo 2003, cuando el número tres del mundo fingió una lesión para detener un partido que le resultaba desfavorable y luego lo terminó arrollando. Era una deuda pendiente. Otra más en la vida de este increíble Gastón Gaudio, un antihéroe que explotó en el polvo de ladrillo de París… de quien ahora habla todo el mundo.

LA FICHA DEL CAMPEON

Gastón Gaudio nació en Buenos Aires, el 9 de diciembre de 1978.

Mide 1,75 metros, pesa 70 kilos y se hizo profesional en 1996.

Este año su récord es de 22-13, con 1.300.049

dólares en premios.

En toda su carrera registra 167-120 y 3.552.598 dólares en premios.

Además de Roland Garros tiene otros dos títulos, ambos logrados en 2002: Barcelona y Mallorca. Fue finalista en Stuttgart 2000, Viña del Mar 2001, Gstaad 2002 y Barcelona 2004.

Este año logró los dos primeros títulos en dobles de su carrera: Estoril y Viña del Mar, junto a Juan Ignacio Chela.

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