Fotos y Texto por Antonio Aragón Renuncio
Siempre buscando.
Sería un buen lema. O una buena –si alguien gusta
de ello– definición. Al final
de nuestras vidas intentamos resumirlo todo con burdas
y absurdas acotaciones.
¡Ya no más! ¿O sí?
Prueben a definirme
el sufrimiento.
¿Lo conocen? ¿Lo han sentido
alguna vez?
(…)
Erase una vez otro de esos lugares –por suerte o por desgracia ya he visto demasiados– en los que el tiempo se para de golpe y porrazo. Un enclave en el que de repente te das cuenta de lo jodidamente solo que te encuentras. Una recóndita explanada en la que un blanco inmaculado lo ocupa absolutamente todo. Una brillante oscura pared en la que el calor te absorbe, te alivia, te oprime, te agota…
Comenzamos nuestro “paseo” atravesando una preciosa y calurosa selva centroamericana, sin hablar. Todavía estábamos observándonos. Todo necesita su proceso, no importa. Paso a paso, pregunta a pregunta, nos acercábamos allá en donde los pájaros no cantan. Donde los niños no ríen. Donde el Sol, el calor y el apagado ruido de los picos y el sufrimiento lo invaden todo. Allí estábamos en el epicentro de una mina de piedra pómez, al otro lado de no se sabe exactamente dónde. Simplemente al otro lado. Como siempre.