Edgard Rodríguez C.
Hace cuatro años, era un verdadero atrevimiento discutir la calidad de Ken Griffey. Tal cosa no podía hacerse ni siquiera con Barry Bonds.
Entre 1996 y el año 2000, Griffey coleccionó cinco temporadas de 40 o más jonrones y con su habilidad para capturar la imaginación de los aficionados, se convirtió en la más importante figura del beisbol.
A la par de eso, Bonds construía una sólida carrera, pero no de la estatura de Griffey. Es más, se le llegó a considerar un jugador que se derretía en los momentos cumbres.
Ahora la historia está a la inversa. Parece un irrespeto situar a Griffey próximo a Bonds. Mientras Bonds se dedicaba a desplazar a leyendas casi intocables en el juego, a Griffey se le observaba entrando y saliendo de la lista de lesionados.
Bonds ha llegado a convertirse en la fuerza más devastadora del beisbol. Griffey intenta recapturar el brillo que una vez lo proyectó como el mejor de su generación.
Sin embargo Griffey ha estado extrañamente saludable y su cercanía a los 500 jonrones, ha revivido el debate, aún cuando las cifras favorecen a Bonds.
Sports Illustrated ha planteado la discusión y los analistas Jacob Luft (a favor de Bonds) y Andrew Perloff (con Griffey) han llevado el debate más allá de las cifras.
“Bonds es un ganador de seis títulos de Más Valioso –que deberían ser ocho– más que el doble de cualquier otro jugador que lo haya ganado”, sostiene Luft.
“Joe DiMaggio no dominó el beisbol estadísticamente pero mucha gente, por su estilo y su gracia, hizo de él, el más grande jugador de su era”, añade Perloff.
Para Perloff el asunto de los esteroides ensombrece la carrera de Bonds, y asegura, que “por fortuna ahí está Griffey para salvar el beisbol como ya lo hizo tras la campaña de 1994 con la huelga”.
“Bonds es el único miembro del club 500-500 en robos y jonrones. Mezcle eso con sus ocho guantes de oro, y tendrá al mejor jugador que ha se ha visto en el beisbol”, riposta Luft.
Y hay algo de eso.