- Las fragancias y las propiedades curativas que le ayudarán a equilibrar su vida diaria
La aromaterapia consigue importantes resultados en problemas relacionados con el sistema nervioso, ya que ayuda a la relajación en situaciones de bloqueo mental y todo tipo de angustias y desasosiegos. Estos problemas pueden repercutir en todo el organismo provocando mayores trastornos como úlceras y problemas gástricos.
La doctora Maritza Ruiz Avilés, médico homeopático de Tienda Naturaleza, explicó que para evitar la tensión nerviosa se aconseja tomar baños estimulantes, realizar aspiración de esencias y masajes fortalecedores y relajantes.
“Los aceites esenciales trabajan en dos niveles distintos: El psicológico y el físico. El olfato es un sentido primitivo y poderoso, no sólo nos puede alertar contra el peligro, también puede desencadenar recuerdos, alertar nuestros estados de ánimo, estimula el deseo sexual, poseen propiedades de efectos calmantes y mejora nuestra concentración durante la meditación”, opinó la especialista.
Según la doctora Ruiz los aceites esenciales empleados en problemas de ansiedad son: Bergamota, manzanilla, alcanfor, geranio, jazmín, azahar, pachoutli, rosa, sándalo, limón y tomillo.
ALGUNAS IDEAS
Soluciones que mejorarán su condición.
Aceptar: Es importante dejar atrás lo que nos hace daño y aprender a aceptar las condiciones que nos afectan.
Vigilancia: Velar por la calidad del clima y ambiente de trabajo en las organizaciones.
Solidaridad: Apoyar a las personas y facilitar la participación en el cambio.
Equilibrio: Distribuir equitativamente la carga de trabajo o responsabilidades en el hogar para no recargar todo en una sola persona.
Biorretroalimentación: Buscar ayuda terapéutica que facilite la comunicación entre la persona y el medio que le rodea, que le permita analizar su situación y alimentarse positivamente de los demás.
Terapia cognoscitiva: Consiste en descubrir el tipo de percepción que tiene la persona ante la vida y de esa manera superar las barreras.
EL COSTO DEL ESTRÉS
El estrés se considera un hecho habitual en nuestras vidas. Cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Los sucesos negativos, daño, enfermedad o muerte de un ser querido, son hechos estresantes.
También los sucesos positivos como ascender en el trabajo, trae consigo el estrés del nuevo estatus, de nuevas responsabilidades que antes no teníamos.
En la sociedad actual los trastornos provocados por el estrés van en aumento y esto se refleja en un incremento de problemas serios de salud física, emocional y social en muchos individuos.
Dentro de los síntomas más frecuentes encontramos las cefaleas (dolor de cabeza), hipertensión arterial, infarto al miocardio, úlceras, colitis, insomnios, fatiga crónica, problemas de memoria, falta de concentración, ansiedad, pérdida de defensas, predisposición a los accidentes, incapacidad laboral, ruptura de relaciones familiares, entre otros.
El hecho de ser mujer conlleva un factor de riesgo por criterios biológicos, sociales y culturales patriarcales, donde se impone un rol despersonalizado en la mujer con características de ser: Débil, incapaz, menos inteligente, reducen su espacio a la vida privada, rol fundamentalmente como el de procrear y cuidar de la familia.
Estos cambios y exigencias vitales y psíquicas que son objetos, en su mayoría prolongado y están fuera del control, someten a la mujer a un estrés más peligroso; ya que descuida su salud, haciendo crónica la sintomatología y en muchos casos busca atención especializada tarde.
MEJOR PREVENIR
Puntos importantes que quizás usted está obviando.
Situaciones. Identifique las situaciones estresantes o aprende a contar lo que le pasa.
Cuidar. Cuide del cuerpo y la mente.
Actitud. Practique el optimismo y fortalezca la autoestima.
Habilidad. Desarrolle las destrezas en el manejo
de situaciones.
Comunicación. Mejore su comunicación para mantener buenas relaciones sociales.
Tiempo. Tome tiempo para recargarse y rejuvenecerse.