Expectación por Vicente

Edgard Rodríguez C. El codo de Vicente Padilla crujió el sábado, pero la inquietud persiste. Y quizá se debe en parte, a que de un instante a otro, nos percatamos que nuestro nexo sentimental con el beisbol de Grandes Ligas se rompió, al menos momentáneamente. Es decir, estamos sin nadie en las Mayores. Desde que […]

Edgard Rodríguez C.

El codo de Vicente Padilla crujió el sábado, pero la inquietud persiste.

Y quizá se debe en parte, a que de un instante a otro, nos percatamos que nuestro nexo sentimental con el beisbol de Grandes Ligas se rompió, al menos momentáneamente. Es decir, estamos sin nadie en las Mayores.

Desde que en 1976, cuando Denis Martínez dio el salto, el interés por las Grandes Ligas creció, cimentado precisamente por el desempeño del granadino quien logró incluso que algunos yanquistas o dodgeristas, se volvieran fanáticos de Baltimore.

Y el nivel de las expectaciones creció drásticamente, cuando en un tramo de los años ochenta se llegó a contar con cuatro nicas a la vez en el big show. Denis fue acompañado por Albert Williams, David Green y Porfirio Altamirano. Ahora no hay uno.

Y aunque Marvin Benard está a la expectativa de una seña que le llegue desde Toronto, el nivel de interés provocado por Padilla era enorme. Nadie cree que se trate de un daño dramático en el codo de Vicente, pero hay cierta inquietud por su salud.

Pero quizá lo más preocupante, sea lo expresado por el manager Larry Bowa al Inquirir, de Filadelfia: “Debió habernos dicho lo que sentía. Eso habría ayudado más”. A juzgar por lo expresado por Bowa, el problema no se presentó el sábado, sino antes.

Y ese asunto, va vinculado a un defecto que tiene el jugador latino y es no reportar en su momento, si algo anda mal. Esto no es un asunto sólo de Padilla, pasa con la mayoría. Y eso, ha llevado a equipos a establecer multas cuando no se informa a tiempo.

El brazo, es decir, el pitcheo, es la parte más delicada del juego. Y por tanto demanda de una precisa administración. Cada disparo puede ser el último de un monticulista. Y el único modo de hacerlo soportar el trajín, es acondicionándolo adecuadamente.

Las lesiones nunca tienen un momento apropiado para aparecer, pero justo ahora cuando Padilla intentaba saltar a planos estelares y garantizar su futuro económico, el codo se ha inflamado y la angustia ha aparecido.

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