Delirio

Mónica Berríos Al Che Guevara los universitarios lo ven como un gran idealista, mientras los jóvenes trabajadores lo condenan. El sudor pone distancia con la teoría. La vida contra las preguntas que no pasan de ser cuestionamientos rebuscados, frutos de cuerpos ociosos y mentes ansiosas. El hombre real contra el hombre ideal. Contradicción. Lo urgente […]

Mónica Berríos

Al Che Guevara los universitarios lo ven como un gran idealista, mientras los jóvenes trabajadores lo condenan. El sudor pone distancia con la teoría. La vida contra las preguntas que no pasan de ser cuestionamientos rebuscados, frutos de cuerpos ociosos y mentes ansiosas. El hombre real contra el hombre ideal. Contradicción. Lo urgente de alimentarse contra lo fácil de divagar. Realidad. La vida no se crea dentro de la mente. La vida está afuera y ya se escapó en esos bienes que nunca tendrán los obreros, gracias a cuyo sudor cientos de jóvenes van a las universidades a elaborar lindos sueños. La vida ya se fue de esos peones que no conocieron la primaria a pesar de que alimentan al país.

Mientras, aquí, en esta aglomeración llamada centro urbano, la codicia mata. Lindos nos veríamos como país de ricos tomando el capital de las arcas desbordantes. Riqueza obtenida por honestidad y trabajo. Pero no hay billetes. Aún así, para los que quieran sus vacaciones hay un lugar de descanso en donde poderosos y desposeídos viven su fantasía. Tiene un lodazal en el que cubren sus cuerpos. Están cómodos y no piensan salirse de la masa pegajosa. Es duro abandonar lo que se ha alcanzado; ese paraíso de la verborragia al que llaman la tierra de los delirios.

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