Paul A. Martin
Como estadounidense siento vergüenza por lo que el Gobierno de mi país está haciendo a los indefensos prisioneros en Irak, en Guantánamo, Cuba y en otras prisiones donde no se permiten los derechos y sensibilidades de la humanidad.
Yo no voté por George Bush, que no fue legítimamente elegido presidente de EE.UU. Nunca estaba de acuerdo en que la mejor política contra el terrorismo fuera atacar a ciertos países débiles donde sea conveniente pasar oleoductos (Afganistán) o conquistar significantes reservas de petróleo. Nunca creí las mentiras que Bush y Blair usaban para justificar su agresión a Irak. No estaba de acuerdo de que Bush financiara con dinero público las agresiones. Las cárceles de Guantánamo son una desgracia moral para Estados Unidos y un precedente peligroso de desacato a la ley internacional. Yo declaré a todos que querían escucharme que preferiría vivir con riesgo personal del supuesto “terrorismo” en el corto plazo que violar los derechos humanos de los demás y perder mis propios derechos constitucionales.
Pido perdón al mundo por las barbaridades cometidas por el gobierno de mi país y espero que tengan paciencia con nosotros y que sepan que estamos en proceso de corregir el mal, siendo el primer paso el de poner un nuevo presidente y gobierno que, sintiendo la conciencia airada del pueblo, tenga coraje para corregir los abusos cometidos, indemnizar a los dañados, y emprender una política pro-activa de justicia económica en el mundo, como la mejor estrategia del desarrollo y anti “terrorismo”.
Ciudadano norteamericano residente en Nicaragua