Margarita B. de Arróliga
Siempre que se aproxima el día de la madre aparecen en revistas y diarios publicaciones alusivas, ya por eventos culturales o por necesaria propaganda comercial. Se presenta a una madre rebosante de juventud y de hermosura que tiene entre sus brazos a su pequeño hijo, bello y saludable, compartiendo los dos una encantadora sonrisa.
Igual sucede con los monumentos que con este mismo motivo se han levantado en el país. Pero nunca se representa a una madre que tiene el sufrimiento marcado en su semblante, que ve a su hijo caído, ya por la desgracia del vicio o por cruel enfermedad, y al no poder levantarlo se arrastra junto a él, dándole la miserable comodidad de su regazo. Éste es el verdadero sentido de la maternidad. Ya lo dijo Bersot: la obra maestra de la creación es el corazón de una madre.
Ahí tenemos el ejemplo de La Piedad, la obra cumbre de Miguel Ángel, que presenta a la Virgen María con su hijo muerto en los brazos, ofreciendo al mundo su incomparable dolor.