Las “nupcias” de las abejas

Sólo la realizan una vez para producir entre dos mil y tres mil “crías” por día, durante cuatro y cinco años Amparo Aguilera Su base social la concentran en una especie de matriarcado. A tal punto que el “hogar” lo conforman con una madre que pone huevos durante toda su vida y con hijas que […]

  • Sólo la realizan una vez para producir entre dos mil y tres mil “crías” por día, durante cuatro y cinco años

Amparo Aguilera

Su base social la concentran en una especie de matriarcado. A tal punto que el “hogar” lo conforman con una madre que pone huevos durante toda su vida y con hijas que no paran de trabajar, que prescinden del macho y que lo pueden matar cuando a éste se le ocurra invadir el territorio.

Al menos así podría entenderse el ciclo reproductivo de las abejas. Según Ximena Araneda, apicultora y docente investigadora de la Universidad Católica de Temuco (Chile), estos insectos destinan a la abeja reina como la madre de toda la “prole”.

La reina, según la experta, cuando nace pasa por un período de maduración sexual que ocurre entre el sexto y octavo día, lo que indica que está lista para la fecundación.

Es entonces cuando por primera vez sale de la colonia, su hogar, haciendo vuelos de reconocimiento, que duran entre dos a tres minutos, en forma de círculos, como tratando de identificar su lugar de origen. Luego regresa y vuelve a repetir el mismo vuelo de tres a cuatro veces.

EL VUELO

Ya con esto, está preparada para contraer nupcias. La reina prepara su vuelo definitivo, o el llamado vuelo nupcial, y recorre distancias que van desde los dos hasta los seis kilómetros en busca del macho, conocido como zángano porque sólo nace para fecundarla en las horas mas “cálidas”, entre el mediodía y las tres de la tarde.

Y la reina lo hace con tanto cálculo que cuando se acerca a las áreas de congregación de zánganos, pasa en vuelo rasante de manera que ellos vuelen tras ella para acoplarla.

“De forma que el zángano con mejor vista y con mejor velocidad, como todo un proceso de selección natural, es el que primero logra alcanzarla para inmediatamente copular con ella”, indica Araneda.

Pero esto se produce en cuestión de segundos, porque el macho se pega, luego deposita su semen, éste emigra a la espermateca que es una especie de receptáculo especial, y es cuando el macho se desprende de la hembra cayendo al suelo y muriendo.

“Porque el pene no es retornable, no puede volver al interior del cuerpo, entonces muere porque no lo puede revertir”, expone la investigadora.

Tras esto, otro macho se le pega a la reina, luego otro, y otro y otro… corriendo la misma suerte que el primero. “Porque si la espermateca es grande la reina puede copular hasta con 17 zánganos. Aunque el promedio normal son diez”, precisa.

LLEVA “TROFEO”

Sin embargo una vez que la reina llena la espermateca, cierra su genitalia y corta el órgano copulador del último que la preña. Es decir que a diferencia de los anteriores éste no se desprende.

“Regresa a la colonia y lo lleva como un trofeo o una especie de símbolo de que fue correctamente fecundada. Las abejas al recibirla identifican el órgano, y la reciben bien. Si la reina no lleva esos restos, entonces podría ser rechazada”, apunta la apicultora.

A los dos días del vuelo, el semen se reorganiza en el interior de la espermateca de la reina y el órgano símbolo llega a secarse a los tres días, siendo removido por las abejas obreras, hijas de la reina, quienes lo cortan y sacan de la colonia. “Y es cuando ella empieza a poner (parir) y nunca más vuelve a salir del hogar”, sostiene.

Según Araneda, a la fecha se manejan dos hipótesis en cuanto a las crías. Una es que el semen de todos los zánganos se mezcla en la espermateca de la reina y forma una sola masa homogénea que da paso a las generaciones.

Sin embargo hay otra, que explica que la espermateca estaá separada por compartimentos, donde cada semen se va depositando conforme su lugar en la copulación.

“Ésta es la más aceptada, porque hay investigadores brasileños que certifican este ordenamiento del semen y se explica al evaluar el comportamiento de las abejas, porque hay tiempos en que salen agresivas, y otros en que salen mansas. De la misma manera, vemos reproducciones de abejas negras y otras veces de abejas amarillas… porque de lo contrario todas serían iguales”, argumenta.

Sea como fuere, lo cierto es que la reina nunca deja de producir pues es capaz de poner entre dos mil y tres mil huevos por día, según la especie, durante toda su vida la cual se extiende entre los cuatro y cinco años.

LAS MAS SACRIFICADAS

Las obreras, las hijas de la reina y zánganos, tiene múltiples funciones en la colonia. Éstas una vez que nacen dedican las primeras horas para asear su cuerpo y su celdilla.

Luego, a los pocos días, se convierten en obreras nodrizas que cuidan y alimentan a las crías con dietas diferenciadas. Después se transforman en abejas constructoras: sus glándulas cereras se activan y comienzan a producir cera que a su vez moldean y la trabajan para la elaboración de panales.

Tras esto se transforman en abejas guardianas que vigilan la entrada para impedir el ingreso de los enemigos. Y finalmente se convierten en abejas pecoreadoras pues salen al campo en busca de néctar, polen, propóleos y agua.

Terminando sus vidas, a los 45 días de nacidas o a los tres meses si es invierno, con un último sacrificio, ya que optan por morir desgastadas fuera de la colonia, para no dar más trabajo a sus compañeras.

SACRIFICIO VIRGEN

Cuando una abeja reina está virgen y algún curioso o apicultor abre la colonia antes de que ésta alcance su maduración sexual, las abejas obreras optan por matarla ya que “creen” que esto ocurrió por un defecto de su soberana.

COMO LA «NOBLEZA»

Los huevos de reina son iguales en términos genéticos. Sin embargo en su período de larvitas las obreras determinan cuáles serán obreras y cuáles reinas.

Esta selección la materializan por medio de una dieta diferenciada. Ya que a la larva reina sólo la alimentan con jalea real, alimento que perdura durante toda su vida, que le permite desarrollar su órgano reproductor.

En cambio las larvas obreras son nutridas con una mezcla de polen y miel. De modo que no se les desarrolla su aparato reproductor y cuando llegan a adultas sólo sobreviven a punta de miel. Aunque por un defecto en el manejo, hay larvas que adultas se convierten en ponedoras de huevos que dan origen a los zánganos.

La función de la colonia está bien definida. La reina tiene la tarea de mantener la descendencia estable. Y los zánganos tienen la tarea de fecundarlas en tiempo y forma.

Según Rodolfo Buitrago, presidente de la Comisión Nacional de Apicultores, en Nicaragua las reinas ponen huevos especialmente en verano. Aunque revela que para mantener la producción recomiendan a los apicultores locales contar con una alimentación de estímulo y mantenimiento; cambiar el espacio que habitan a tiempo (colmenas nuevas por viejas), y cuidarlas de las enfermedades con tratamientos orgánicos.

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