El jueves 20 de mayo del 2004, Jenice con su hija en brazos.

Historia de un bebé

Desde los preparativos para recibir al bebé, hasta cuando ya su hija estaba en sus brazos, acompañamos a una madre en su experiencia. Jenice Queen Ramírez, por primera vez en su vida entró al Hospital Bertha Calderón no como la doctora Ramírez, sino como la paciente del cuarto número cinco. “Decidí tener a un hijo […]

Desde los preparativos para recibir al bebé, hasta cuando ya su hija estaba en sus brazos, acompañamos a una madre en su experiencia.

Jenice Queen Ramírez, por primera vez en su vida entró al Hospital Bertha Calderón no como la doctora Ramírez, sino como la paciente del cuarto número cinco.

“Decidí tener a un hijo hasta que tuviera estabilidad en todos los aspectos de mi vida. Terminar mi carrera, tener un trabajo, una situación económica estable, un matrimonio tranquilo. Y con esto completo todas mis metas en la vida”, confiesa sonriente.

Casada desde hace un año y medio con el ingeniero Erick Vado, decidió que era tiempo de embarazarse.

El miércoles 19 de mayo se cumplieron las 38 semanas de gestación, pero la presión arterial de Jenice estaba afectada, el doctor decidió esperar hasta el día siguiente.

Jueves 20 de mayo. 6:30 de la mañana. Janice es ingresada al quirófano. La presión estaba estable. Fue tratada con fármacos para inducirle el parto, sin embargo, no hubo respuesta, la amenaza de preeclampsia estaba latente y decidieron no esperar más.

El doctor Francisco Rodríguez, médico de cabecera, indicó que el estado de la matriz era desfavorable y la presión asciende, por eso debían intervenirla. A las 7:53 de la mañana nació la bebé.

La pequeña pesó siete y media libras. A las 4:30 de la tarde Jenice no había visto a su hija, el médico le explicó que tenía que esperar cinco minutos más. Por fin, la ansiedad desapareció al momento de ver una enfermera que llevaba entre sus brazos un pequeño bultito blanco.

Madre e hija se encontraron. Sin miedo tomó a su hija, y las lágrimas brotaron. Y en ese momento tierno, único y trascendental en la vida de toda mujer, estábamos Nosotras.

¿Imaginaba que sería así, la experiencia?, se le preguntó. “Nunca. Son sentimientos entrelazados, difíciles de descubrir. A pesar de ser médico, tenía mis nervios, mis preocupaciones y mis temores. Como experiencia es algo desconocida, porque como médico conozco la teoría, pero no la experiencia”, respondió.  

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