Robos en los hospitales

Carlos Martínez Morán Roman, Times, serif»> Robos en los hospitales Carlos Martínez Morán Siete mil córdobas que con mucho esfuerzo había logrado conseguir prestados para los medicamentos y otras necesidades de su niña de cuatro años, se le esfumaron en un abrir y cerrar de ojos a Efraín Cisneros Cucalón, originario del Triángulo Minero. Llegó […]

Carlos Martínez Morán

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Robos en los hospitales


Carlos Martínez Morán




Siete mil córdobas que con mucho esfuerzo había logrado conseguir prestados para los medicamentos y otras necesidades de su niña de cuatro años, se le esfumaron en un abrir y cerrar de ojos a Efraín Cisneros Cucalón, originario del Triángulo Minero.

Llegó a Managua la tarde del jueves para conocer sobre la situación de su niña, Suyén Cucalón Hernández, internada el día anterior en el Hospital Antonio Lenin Fonseca a consecuencia de un trauma craneal que sufrió al caer del techo de su vivienda, en el empalme de Alamikamba.

Mientras esperaba en el área de emergencia el momento para ingresar al centro asistencial, dos sujetos bien vestidos se le sentaron a la par en la banca donde se encontraba y empezaron a conversar con él. Le dijeron que ellos tenían a un familiar muy grave de salud en el hospital y que eran de Bonanza.

“Yo sentí lástima por ellos, porque los miré tan tristes y preocupados, que jamás me imaginé que eran ladrones. Yo sé que en Managua hay mucha gente mala, pero como me dijeron que su familiar estaba a punto de morir y que eran de Bonanza, yo les creí y no desconfié de ellos”, dijo el afectado.

Señaló que posteriormente los desconocidos le preguntaron por el sitio donde les podían extender un permiso de ingreso para ver a su familiar y que si los podía llevar.

“Yo me levanté y caminé con ellos para ayudarles, pero desde ese momento no supe más de mí. Fue como si me hubieran dormido, porque cuando logré reaccionar me encontraba en el área de parqueo de un banco”.

Pensando que se encontraba todavía en el hospital, le preguntó a un vendedor ambulante de agua, por la Sala de Emergencia del hospital, y muy extrañado el muchacho le respondió que eso quedaba en otro lugar. Fue hasta ese momento que se buscó en los bolsillos del pantalón, y el dinero ya no estaba. Los delincuentes sólo le habían dejado en sus manos un rollo de papel periódico recortado al tamaño de los billetes, indicó.

Trabajadores del Hospital Antonio Lenín Fonseca informaron que ese modo de robar es constante en los alrededores de esa unidad hospitalaria.

Por lo general la víctimas son personas de las zonas rurales del país, que caen fácilmente en las garras de los delincuentes.

“A ellos se les advierte de ese peligro, pero los delincuentes casi siempre encuentran alguna víctima”, dijo una enfermera que rehusó dar su nombre.

Este mismo problema se observa en los alrededores del Hospital Roberto Calderón, informó el licenciado Edilberto Saavedra, de Relaciones Públicas de ese centro asistencial, pero los casos casi siempre quedan en la impunidad, porque los afectados pocas veces denuncian el hecho en la Policía, indicó.

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