- Una sorpresiva victoria en las elecciones parlamentarias de la India, la democracia más grande del mundo, ha puesto al borde del poder a Sonia Gandhi, heredera de una de las dinastías políticas más famosas del mundo y símbolo de
la independencia de lo que fue la joya más preciada del Imperio Británico
Tim Sullivan/AP
Durante varias décadas, Sonia Gandhi estuvo lejos de los titulares de la prensa.
Nacida en Italia, la mujer de carácter tímido había preferido concentrarse en administrar los asuntos de la casa, eligiendo la comida y supervisando a la servidumbre, para su suegra Indira Gandhi, la primera ministra.
Siguió haciendo lo mismo para su esposo, cuando él tomó las riendas del Gobierno, tras el asesinato de su madre.
Ahora, más de una década después de que él fue asesinado también, Sonia Gandhi está en camino de convertirse en la última integrante de su familia que gobierna esta nación.
Después de que la alianza nacionalista hindú gobernante reconoció su derrota, el Partido del Congreso y sus aliados han resurgido repentinamente y parecen listos para asumir el Gobierno. Sonia Gandhi, de 57 años, es vista como la candidata más probable a primera ministra.
“El proceso de la conformación del Gobierno cobrará impulso” en los próximos días, dijo Gandhi a la prensa la noche del jueves, aunque se negó a revelar si será primera ministra.
Ciertamente, no es un destino que haya esperado en 1968, cuando llegó a la India como una joven de 21 años, recién casada.
“Tenía una idea vaga de que India existía en algún lugar del mapa, con sus serpientes, sus elefantes y sus junglas”, escribió alguna vez, sobre los primeros días con su esposo Rajiv Gandhi en la Universidad de Cambridge.
Esos días han quedado muy atrás. Sonia Gandhi es ciudadana india desde 1983 e integrante del Parlamento desde 1999. Habla el hindi sin problemas, aunque con un ligero acento italiano. Miles de personas acuden a escuchar sus discursos.
Crecida en una familia católica y de clase media en las afueras de Turín, Sonia conoció en la universidad a Rajiv Gandhi, miembro de la dinastía que había dominado la política india desde 1947, cuando el país se independizó de Gran Bretaña.
La familia no tiene relación con Mahatma Gandhi, el líder independentista que fue también un prominente miembro del Congreso.
Jawaharlal Neru, quien inauguró el cargo de primer ministro, dirigió India de 1947 hasta su muerte en 1964. Fue seguido por su hija Indira, quien gobernó con mano de hierro durante dos décadas.
Tras el asesinato de Indira, en 1984, Rajiv Gandhi ganó fácilmente las elecciones, pero perdió el cargo en 1989 y fue asesinado dos años después, en un acto proselitista.
CRASO ERROR DE LOS NACIONALISTAS HINDÚES
India, que presume de ser la mayor democracia del mundo, hizo gala del poder de las urnas y propinó una clamorosa derrota a la coalición gobernante, que lideraba el BJP, un partido nacionalista hindú.
El Partido del Congreso, el partido que desde la independencia de India (1947) dirigió casi ininterrumpidamente el país hasta 1996, resurgió de las cenizas en que lo sepultaron diversos escándalos de corrupción. Sonia Gandhi, nacida italiana, que en 1998 se hizo cargo del partido por cuya defensa su marido, Rajiv Gandhi, fue asesinado en 1991, dijo que el Congreso formará un Gobierno “fuerte, estable y laico”.
El primer recuento oficial de votos atribuyó al Congreso y sus aliados en algunos de los 28 Estados de India un total de 215 escaños de los 539 que se escrutaban. La Lok Sabha (Cámara baja del Parlamento indio) tiene 545 diputados, pero en seis circunscripciones tendrán que repetirse los comicios por irregularidades. El BJP y sus aliados obtuvieron 188 escaños y los 136 restantes se los reparten una infinidad de partidos regionales y candidatos independientes.
Explica Georgina Higueras en El País que nadie se esperaba el tremendo vuelco electoral. De hecho, las buenas cifras de la economía y la bonanza de los monzones del año pasado (junio a septiembre) que han permitido unas espectaculares cosechas, llevaron al primer ministro Atal Bihari Vajpayee a adelantar las elecciones seis meses sobre la fecha prevista para beneficiarse de los logros alcanzados.
“India brilla”, fue la consigna elegida por Vajpayee para estas elecciones, craso error de cálculo, porque India sólo brilla para una minoría: la nueva clase media y las adineradas familias tradicionales, que no llegan ni al 20 por ciento de la población. Los cientos de millones de indios —el país tiene 1,050 millones de habitantes— que se han visto apartados de cualquier posibilidad de mejora y olvidados por la arrogancia del BJP optaron masivamente por pagarle con la misma moneda: ignorándolo.
Periodista Digital