Carolina Blandón
Felicito al periodista Gabriel Sánchez Campbel por su artículo La exigida propina voluntaria. Es un tema polémico que usualmente no se comenta.
La propina no debería ser considerada como obligación ni complemento de salario. ¿Cómo es posible que se gratifique por un servicio que no fue del agrado?
Según el artículo mencionado los afiliados a las asociaciones de restaurantes y hoteles dicen que pagar propina es un deber por tradición, y que de no hacerlo se tendría que elevar el precio de los productos consumidos. Esto es una falta de respeto para el consumidor y para el que atiende. Eso sería como subvencionar su propio comercio a costa del consumidor. ¿Acaso no quieren tener un buen negocio y ofrecer un buen servicio para que los clientes regresen y promocionen el lugar? Esos negocios al parecer se mantienen porque obligan al consumidor a pagar el 10 por ciento extra.
Estoy de acuerdo con que se debería entregar por aparte del total a pagar, el cálculo de la propina (10 por ciento sobre el valor neto). El que paga con tarjeta de crédito si quiere gratificar al mesero podría adicionar al total a ser cobrado en tarjeta el 10 por ciento o lo que quiera, o simplemente agradecer verbalmente, o no dar ni decir nada cuando sienta que fue bien atendido.