- A través de vistosas máquinas, mensualmente se venden por lo menos 70 mil chicles en todo el país
Gabriel Sánchez Campbell
Hace cuatro años José Luis Vides y Donaldo Guerrero, un par de jóvenes treintañeros, decidieron instalar un negocio redondo en el país: el de las grandes y llamativas esferas plásticas ubicadas en una gran cantidad de centros comerciales, en donde los niños y adultos se deleitan sacando chicles (gomas de mascar).
“La idea fue de Donaldo”, cuenta Vides. Quien recuerda que a su socio le había llamado la atención que cada vez que iba a un centro comercial fuera del país su pequeña hija Daniela le pedía que le comprara un chicle de los que estaban en las esferas suplidoras ubicadas en los pasillos de estos lugares.
Esta situación empezó a llamarle la atención a Guerrero porque después de una veintena de veces no podía decirle que no a una pequeña de cinco años, porque el producto era relativamente barato y lo podía pagar. “Y no era el único padre que hacía esto. Entonces se le ocurrió porqué no hacer lo mismo pero en un mercado virgen y venimos a Nicaragua y nos instalamos”.
Al principio instalaron 10 máquinas, cuyo valor oscila en unos mil dólares cada una y tiene una capacidad de almacenamiento hasta de tres mil unidades de chicles, generalmente en forma de pelotitas. De esa cantidad se estima que perfectamente cada máquina puede vender más de 10 mil chicles anuales.
Después de cuatro años de estar en el mercado, la empresa Representaciones Internacionales de Nicaragua (Rinicsa), a como se llamaron, se estima que ha crecido en casi mil por ciento porque tienen instalado en todo el país más de 100 dispensadores y una ruta de abastecimiento de chicles y juguetes en todo Nicaragua.
Estas máquinas de origen canadiense tienen la capacidad de suplir chicles resistentes a la humedad y al calor, sin perder la calidad de su presentación. Además no atraen a los insectos. Pero además, de ellas se pueden extraer juguetes y caramelos.
Actualmente de las más de 100 unidades distribuidas en el país, el 75 por ciento de ellas suple una demanda de chicles que en temporada baja no cae de las 70 mil unidades mensuales y en temporada alta supera las 100 mil unidades al mes.
Este negocio está orientado principalmente para el segmento de los niños, pero en Nicaragua los adultos conforman una interesante parte del mercado, ya que éstos últimos ocupan el 40 por ciento de la demanda total.
Una de las claves del éxito, según Vides, es que el producto resulta ser una barata diversión, porque por sólo un córdoba la gente ve caer por gravedad los chicles o las pelotas de hule o una porción de dulces.
“A los niños y adultos les gusta mucho hacer esto”, sostiene Vides. Por eso ahora han tenido que trasladarse de los centros comerciales más importantes del país a casi todos los supermercados que hay. Además de algunos restaurantes de comida rápida también.
De futuro esperan incursionar en otros tipos de negocios mientras éste se termina de estabilizar. “Creo que ya hemos alcanzado el punto de equilibrio y estamos bien entusiasmados de seguir creciendo”.
DEVALUADOS
Dentro de los principales problemas que José Luis Vides y Donaldo Guerrero han tenido para mantenerse a flote en el negocio de los chicles con la empresa Representaciones Internacionales de Nicaragua (Rinicsa) es la inestabilidad de la moneda.
Según Vides, lo ideal sería que la moneda nacional se estabilice y dejara de devaluarse en cinco por ciento con respecto al dólar, porque eso hace que tengan pérdidas.
“Nosotros vendemos el mismo chicle al mismo precio desde hace cuatro años, la moneda se ha devaluado mucho desde ese tiempo. Estamos dejando de percibir más dinero, pero seguimos intentando crecer”, comentó.