José Antonio Poveda Salvatierra*
Roman, Times, serif»>Opinión económica
Las fuentes alternas de energía
José Antonio Poveda Salvatierra*
Actualmente, todo el mundo se da cuenta de que la humanidad ha entrado en un período de transición, es decir, de una economía de la energía basada en combustible fósiles, a una basada en recursos energéticos prácticamente inagotables (energía nuclear, termonuclear, solar, etc.). El análisis de los recursos de combustibles fósiles en el mundo (carbón, petróleo, gas natural), respecto a sus costos de extracción y utilización, ha demostrado que continuarán desempeñando un importante papel en el balance energético mundial durante un período largo, tal vez hasta la mitad del próximo siglo.
Las reservas de combustibles fósiles son mucho mayores que lo previsto. Incluso en el caso del petróleo, cuyo período de agotamiento parecía ser el más corto, fue factible incrementar significativamente los recursos recuperables. Ello se logró gracias a la explotación de los yacimientos profundos, los cercanos a las costas y los ubicados en las regiones polares, así como mejorando los métodos de recuperación: primero se deberán extraer los recursos energéticos más económicos y a continuación los más costosos, los que se convertirán en un incentivo inevitable y objetivo para elevar los precios reales de los energéticos. Esto será un factor importante en la reconstrucción del balance energético mundial de sus regiones particulares.
En el futuro, el abastecimiento de energía en los países desarrollados y en las zonas urbanas de los países en desarrollo estará determinado por la posibilidad de sustituir los combustibles líquidos por fuentes de energía más fáciles de obtener y menos costosas (carbón, gas natural y energía nuclear), y por la introducción de nuevas tecnologías ahorradoras de energía. En general, estas medidas requerirán de fuertes inversiones de capital; en los países desarrollados su ejecución estará dirigida principalmente a ahorrar mano de obra.
La reducción de la cuota de combustible líquido en la industria eléctrica se debe a la sustitución del combustible líquido por carbón y energía nuclear en las grandes plantas eléctricas recientemente construidas. En la mayor parte de los países desarrollados este proceso ha llegado a su culminación; no hay más proyectos para nuevas unidades que operen con base en combustibles líquidos.
Sin embargo, la introducción de plantas de energía nuclear empieza a tropezar con ciertas dificultades cuando se rebasan de determinados límites. Como se sabe, tales plantas requieren fuertes inversiones específicas, aunque sus costos de mantenimiento son bajos. De acuerdo con esto, pueden considerarse como las fuentes de energía eléctrica más baratas para satisfacer la demanda de carga básica en la mayor parte de las regiones del mundo, excepto en unas cuantas regiones que cuentan con carbones de muy bajo costo o con recursos hidroeléctricos particularmente eficientes.
En vista de que las plantas nucleares operan sólo en la parte de carga básica de la curva de carga, hacen que otras plantas energéticas queden fuera del sistema. Si la curva de carga del sistema es muy densa —por ejemplo, en las zonas donde se concentra la industria pesada— y otras plantas de energía eléctrica del sistema son altamente flexibles, desde un punto de vista técnico y económico, las nucleares pueden abastecer la mayor parte de la energía eléctrica, hasta cubrir el total de la demanda de carga básica: la carga mínima por la noche y una carga un poco más alta en los días feriados.
Los requerimientos básicos de energía de las áreas rurales en nuestro país incluyen:
Producción agrícola: riego, cultivo, secado, transporte pesado, etcétera.
Industria nacional: elaboración de productos agrícolas, fabricación de materiales de construcción, textiles, talleres de corte y confección, etcétera.
Servicios municipales: salud, educación, transporte local de pasajeros, abastecimiento de agua, etcétera.
Necesidades domésticas: cocina, iluminación, calentamiento de agua y, en algunas regiones, calefacción ambiental.
Uno de los factores más importantes relacionados con la sustitución de la madera por carbón o turba es que estos combustibles pueden utilizarse en hornos convencionales prácticamente en todas partes. Esto significa que no es menester un cambio radical en el modelo tradicional de operación dentro de la familia y que, por lo tanto, pueden rendir mejores resultados.
El incremento en la disponibilidad de madera puede lograrse mediante dos formas: 1) la forestación, y 2) el mejoramiento de la eficiencia en el uso de la madera como combustible (en particular del carbón de leña) en las instalaciones convencionales destinadas a cocinar y a calentar el ambiente. Estos dos métodos deben aplicarse en forma intensiva, aunque conviene no olvidar que, debido a la tremenda escasez de madera en algunas regiones, la forestación no puede producir el efecto deseado, pues será difícil preservar las plantaciones forestales hasta que alcancen su madurez.
Prácticamente cualquier tipo de desecho orgánico puede utilizarse como combustible, existen, al menos, cuatro formas principales de convertir la biomasa en energía:
n La combustión directa (generalmente con biomasa poco húmeda, como la madera, la paja y las cáscaras);
n La transformación en etanol, o alcohol etílico, por fermentación alcohólica;
n La conversión biológica a metano;
n La pirólisis de los desechos orgánicos secos en ausencia de oxígeno, para producir combustibles gaseosos y líquidos.
* El autor es Vicedecano. Facultad de Derecho. UNAN-León y Catedrático Derecho Internacional