José Gregorio Luna
Doscientos treinta y siete millones hechos cenizas, ¿Por qué? No, no, no… no puede ser. ¿Por qué? Eso y mucho más pensé al darme cuenta que iban a ser destruido 300 misiles SAM 7. Me sentía enojado, no por las armas, porque si bien es cierto sirven para destruir, éstas tienen un precio, no son ni fueron regaladas, fueron compradas con dinero que a nuestro país —o sea usted, nuestra gente y a mí— le costó sangre y hambruna.
Se pudo haber negociado el valor de cada misil destruido, un reembolso de 50 mil dólares o 790 mil córdobas. Indigna tener a estas personas como gobernantes que no piensan en el obrero, campesino, estudiante, profesor y todo aquel ciudadano que rascamos el cielo para sacar adelante a nuestra familia y nuestro país.
Me impresiona la cantidad de dinero perdido y que se pudo haber invertido en beneficio de la gente más pobre, claro si tuviéramos gobernantes diligentes, activos, eficaces para el bienestar de la Patria. Éstos no son dignos, no merecen estar en el mando de nuestro país, pero sí son buenos para la avaricia, astutos con el fin de robar, engañar, también son hipócritas con ellos mismos, ya que ni el PLC ni el FSLN ni el PC se llevan bien, sino que nos usan como títeres para sus pleitos y disputas.