En la época de prospecto de Pedro Martínez no habían tantos buscones como los hay ahora en República Dominicana.

Submundo del Scouteo

Tom FarreyTomado de ESPN.com ÚLTIMA PARTE SANTO DOMINGO.- Su nombre era Edison Arias. Excepto que no lo era. “El buscón (una especia de scout) me sacó tres años”, dice Juan Soto en un estadio de beisbol bañado por el sol en Bani, a sólo cinco minutos en motoneta de la operación de Enrique Soto. No […]

Tom FarreyTomado de ESPN.com

ÚLTIMA PARTE

SANTO DOMINGO.- Su nombre era Edison Arias. Excepto que no lo era.

“El buscón (una especia de scout) me sacó tres años”, dice Juan Soto en un estadio de beisbol bañado por el sol en Bani, a sólo cinco minutos en motoneta de la operación de Enrique Soto. No se está jactando ni quejando, aunque en verdad le molesta que el nombre grabado en su anillo de campeonato de liga dominicana diga Arias.

Él ganó el anillo como campo corto en la organización de los Filis de Filadelfia, que lo contrató en 1999 por 10,000 dólares y lo pusieron en su academia. Un año más tarde, todo había terminado.

Por suerte, tuvo otras opciones. Juan, más conocido por su apodo en Bani, donde le dicen Mon, era el vecino adolescente reclutado por Luis Soto padre para ser el mentor de su hijo. Incluso mientras trataba de llegar a Filadelfia, Mon pasaba horas mostrándole a Luis las complejidades de su posición, y más horas enseñándole a batear desde ambos lados del plato. Ahora podría dedicar su atención completa a Luis. Lo cual incluía evaluar a los distintos buscones que se acercaban casi a diario para reclutar a Luis.

Al principio, Mon y Luis viajaban todos los días a una ciudad vecina para entrenarse con un hombre que dijo que quería el 40 por ciento de cualquier eventual bonificación por firmar. Dos años más tarde se cambiaron a un buscón más cerca de casa. Finalmente aterrizaron en un campo manejado por Juan Deliza, un primera base de ligas menores con los Piratas en los años 70. A medida que Mon ascendía para volverse la mano derecha de Deliza, las habilidades de su primo empezaban a atraer a buscadores de talento.

En cada parada, Luis había solicitado firmar un contrato. “Sentía un poco de presión, porque tenía a todos estos buscones interesados en mí”, dice Luis. Deliza, su buscón hasta noviembre pasado, insiste en que Luis sí firmó un convenio que le garantizaba el 20 por ciento del dinero de la bonificación. Pero no puede presentar el documento. Dice que esto se debe a que Mon le robó su única copia.

Mon lo niega. Asegura que, por consejo suyo, Luis no firmó papeles con ningunos de sus buscones. Esto es, salvo que se incluya a Mon. Él y Luis tienen un contrato que le promete el 19 por ciento de cualquier prima.

Los buscones no eran un tema relevante cuando Pedro Martínez, Sammy Sosa y sus coterráneos estaban surgiendo en los años 80 y a principios de los 90. En aquel entonces, las bonificaciones por firmar tenían generalmente un tope de no más de un par de miles de dólares. Ahora, el promedio es 10 veces esa suma.

POR AMOR… AL DINERO

“Pienso que hoy en día los chicos juegan más por el dinero que por el amor al deporte”, dice Raúl Mondesí, quien se crió cerca de Bani en San Cristóbal, y quien firmó con los Dodgers en 1988. “Cuando me convertí en jugador nunca tuve el dinero en mi mente”.

El dinero estaba seguramente en la mente de Luis Soto. Dejó de asistir jornada completa a la escuela a la edad de 13 años, para poder entrenarse durante la semana. Y escuchó bien a los varios buscones que Luis encontró para él.

“Es inteligente”, dice Juan Deliza, otro buscador. “Uno le dice una vez lo que uno quiere que haga, y él lo aprende. Espero que Dios me dé otro muchacho como él”.

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