- El premio Alfaguara, Tomás Eloy Martínez considera desatinado pensar que la era tecnológica eliminará los libros, pero admite que lectura será de élites
Marta Leonor González
El libro en tiempos de la globalización, fue la conferencia dictada por el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2002.
A la actividad el viernes por la noche, estudiantes, artistas y escritores atendieron el extraordinario recorrido que el escritor hiciera sobre el libro y sus funciones en el quehacer diario.
Al inicio de la exposición habló de cómo la humanidad descubrió el libro hace apenas 500 años y cómo ahora, vivir sin él parece inconcebible.
“Con frecuencia se oye vaticinar que el libro —o el objeto que llamamos libro— será sustituido por el lenguaje virtual de la electrónica. Hay bibliotecas enteras condensadas en la misteriosa superficie lisa de los CD roms que, sin embargo no significa lo mismo”.
También se refirió a lo “desatinado” de pensar que la información virtual acabará con el libro. “El propio William Gates, dueño de Microsoft, explicó en 1999: ‘Leer en una pantalla es una experiencia sin duda muy inferior a leer en papel. Aún yo, que tengo a mi disposición las más costosas pantallas, prefiero copiar en la impresora a los textos que tienen más de cuatro o quince páginas’”.
No obstante, el autor de dos libros ya clásicos de la literatura argentina: Santa Evita y El vuelo de la reina, reafirmó al libro como la fuente primaria de todo conocimiento y de toda investigación. Y resumió cómo las palabras de los libros son las que prevalecen y las que se convierten alquímicamente en otra cosa: se vuelve cine o se vuelve música o se vuelve video clip.
El escritor sostuvo que “los que leen más son, en términos relativos, mucho menos. La globalización, que nos está llevando a la velocidad de la luz por los cielos de la tecnología, también está operando el prodigio de hacernos retroceder en el tiempo. Dentro de poco, al ritmo que llevan las desigualdades sociales, sólo unos pocos letrados van a seguir leyendo, como en la Edad Media, cuando los libros se copiaban a mano”.