Una mujer guerrera de la tribu Cinta Larga apunta su arco hacia los periodistas, desconfiada. Exploradores de caucho masacraron a los Cinta Larga en 1958, 1959 y 1960.

Diamantes, codicia y sangre en la Amazonia

Hace un mes, indígenas Cinta Larga, una de las tribus originales amazónicas de Brasil, masacraron a 29 buscadores de diamantes. Se escribió así un capítulo más de la lucha de los indios por conservar sus tierras y su estilo de vida, y reavivó el dilema de cómo asimilarlos a la modernidad Michael AstorAP RESERVA ROOSEVELT, […]

  • Hace un mes, indígenas Cinta Larga, una de las tribus originales amazónicas de Brasil, masacraron a 29 buscadores de diamantes. Se escribió así un capítulo
    más de la lucha de los indios por conservar sus tierras y su estilo de vida, y reavivó el dilema de cómo asimilarlos a la modernidad

Michael AstorAP

RESERVA ROOSEVELT, BRASIL.- El filón de diamante con el que tropezó Antonio José dos Santos en lo profundo de la selva amazónica prometía riquezas inimaginables. Que esa riqueza estuviera en el corazón de una reserva habitada por fieros indígenas era sólo un pequeño detalle.

Dos Santos no pensó en nada al cruzar, con su equipo amarrado en un morral, las fuertes corrientes del río que atraviesa la reserva, y luego escurrirse en la reserva sin que lo notaran los policías que la resguardan. Caminó por la selva a lo largo de cinco días, llevando a cuestas alimentos para dos semanas, para llegar al filón.

Pero el 7 de abril, algo pasó. Los indígenas asesinaron brutalmente a 29 garimpeiros, como se conoce aquí a los mineros.

“Mataron de inmediato a dos hombres. ¡Pa! ¡Pa! Después amarraron a los otros y los pusieron en fila. Los asesinaron como animales”, agregó Dos Santos, al afirmar que él y otros 200 buscadores estaban en la reserva al comenzar la matanza.

“Escapé por una colina, y cuando regresé vi que ya habían descabezado al Loco Baiano, y que también le habían cortado los testículos”, dijo.

FIEBRE DE RIQUEZA

La masacre se produjo tras cuatro años de fiebre minera en la que garimpeiros de todo Brasil corrieron para atrapar su parte del botín, a 3,380 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro.

Que la reserva —establecida en 1976 y que recibió su nombre en honor al presidente estadounidense Theodoro Roosevelt que la recorrió en 1913— sea un territorio plagado por la malaria pareció no disuadir a los pobres, y generalmente analfabetos garimpeiros, acostumbrados a la vida azarosa, pues al frente tenían la remota posibilidad de una rica veta de diamantes.

El flujo inesperado de dinero devastó la cultura de los indígenas Cinta Larga, alimentando el alcoholismo y el consumo de drogas. Pronto aparecieron enfermedades de transmisión sexual entre los 1,300 miembros de la fiera tribu.

ACRIBILLADOS A FLECHAZOS

No sorprendió que los primeros informes sobre lo que sucedió en la reserva fueran tan variados.

“Había muchas flechas en los cuerpos y fueron terriblemente golpeados. Parece que a algunos también les dispararon”, dijo Trajano Azevedo Fonseca, responsable en la zona de la oficina de Fundación Nacional del Indio (FUNAI), describiendo los asesinatos como la obra de una tribu primitiva en la selva.

Entretanto, los garimpeiros aseguran que sus colegas murieron en una balacera y describieron a los Cinta Larga como ciudadanos normales que visten a la moda y conducen camionetas modernas.

“El arco y la flecha del indígena de hoy son una escopeta’’, dijo Dos Santos.

Aunque nadie discute que las ganancias de los diamantes han permitido que los indígenas Cinta Larga quedaran bien armados, las autopsias mostraron que la mayoría de los mineros murieron a golpes de palos, o los tradicionales “bordunas’’, pesados mazos con elaborados tallados.

La brecha entre la moderna apariencia de los Cinta Larga y sus violentas costumbres podría haber llevado a los garimpeiros a subestimar la ferocidad de los indígenas.

Es difícil imaginar a Pio Cinta Larga, con anteojos y su camiseta con el reconocido distintivo de un cocodrilo, como el líder de una tribu que se cree practicaba el canibalismo hasta no hace mucho.

Los garimpeiros y políticos locales, sin embargo, prefieren responsabilizar a una poderosa “mafia de diamantes” que utiliza el estatus especial de los indígenas como un escudo detrás del cual puede realizar sus operaciones de contrabando.

“Esto no fue un conflicto entre indígenas y garimpeiros. Fue una masacre, originada en grandes intereses que involucran al crimen organizado”, dijo Celio Renato de Silveira, un concejal en Espigao d’Oeste, el poblado más cercaano a la reserva.

Esa suposición ganó credibilidad en marzo cuando la Policía Federal arrestó a 15 personas, incluyendo tres agentes, por contrabando de diamantes fuera de la reservación.

“Esta matanza fue coordinada por blancos. Lo hicieron para ahuyentar a los garimpeiros porque quieren quedarse con todos los diamantes. Pero no dará resultado”, aseguró Celso Fantim, del sindicato de los buscadores.

“Los garimpeiros regresarán porque todos aquí tienen hambre y los indígenas los invitarán a regresar a cambio de una tarifa” por dejarlos explotar diamantes.

LA MINA MÁS GRANDE DE SUDAMÉRICA

El Ministerio de Minas y Energía de Brasil estima que, desde 1999, diamantes por unos 2,000 millones de dólares han salido de los 2.7 millones de hectáreas de la reserva, convirtiéndola en la mina más grande de Sudamérica.

Según las leyes brasileñas, la minería es ilegal en las reservas, tanto como la presencia de no indígenas.

Así, en 2002 el gobierno federal lanzó una gran operación para expulsar a miles de personas no indígenas de la reserva. Pero la seducción de los diamantes —que muchos garimpeiros afirman son los mejores jamás vistos— era demasiada para resistir.

DIFÍCILES PREGUNTAS

Los brutales asesinatos recientes de mineros a manos de los indios reavivaron viejas preguntas: ¿A quién pertenece la riqueza de la reserva? ¿Qué leyes deben prevalecer? ¿Cómo aprovechar la vasta riqueza de la región preservando a la vez una antigua cultura?

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