Auxiliadora Rosales
Es increíble la manera en que justifican su ineficiencia, rayando en lo mezquino, cuando señalan las veces que me han brindado consultas. ¿Será acaso que esperan que les dé las gracias por un servicio que no es gratuito, sino que pago mensualmente por ello?
En la búsqueda de lavar su imagen distorsionan los hechos diciendo que en admisión me indicaron que existía otro pediatra, cuando en realidad nunca llegué a admisión porque abordé directamente y de manera personal al médico que a las nueve de la mañana finalizaba sus labores, porque sólo atiende a 20 niños en dos horas. ¿Qué calidad pueden ofrecer cuando un pediatra se da a la tarea de revisar esa cantidad de niños en tiempo récord de dos horas?
Tampoco se puede decir que mi actitud fue inadecuada, porque nadie me escuchó gritar o faltarle el respeto al personal de este centro, pues esas actitudes no son parte de mi personalidad y todos merecemos respeto. La única protesta pública que hice fue un artículo de opinión, que tuvo el eco deseado y la solidaridad de muchos asegurados que al igual que yo les ha tocado padecer el calvario de ser asegurado.
Además, si la jefa de consulta externa me vio protestar inadecuadamente y públicamente, ¿por qué no se acercó para saber qué pasaba?
Que lástima que en la revisión que hacen a mi expediente no hayan encontrado que cuando me practicaron una cesárea les pedí una habitación privada porque lo que ofrecían era un cuarto muy reducido donde habían varias mujeres hacinadas; y que no les bastó cobrar por ello, que era lo justo, sino que también me recargaron el derecho al salón de operaciones y hasta la anestesia, como consta en el recibo número 3322 con fecha 12 de septiembre del 2001.
O cuando necesité un lavado de oído y no hubo jeringa con qué proceder, y fue hasta que les dije que me quejaría que corrieron a buscar el bendito aparato, después de haber ido varias veces con el especialista.
Y por si fuera poco, las veces que mi hija necesitó de los servicios de laboratorio los resultados nunca estaban en el tiempo indicado, ni aparecían por ningún lado, sino que me tocaba a mí rastrear los resultados y al final aparecían unos que para mí ya no eran creíbles. De esta situación son testigos todas las enfermeras de consulta externa que muchas veces fueron amonestadas por esa situación anómala.
¿Será por eso que mi niña tuvo que pasar más consultas que meses de vida o será que sus profesionales no son tan profesionales?
Las amenazas de demanda no me intimidan, ni tampoco frenarán mis escritos contra las injusticias, pues la razón me asiste. Ya es hora que a los asegurados que cotizamos una cuota fija mensualmente se nos trate y respete como es debido.