Emilio Palacios no tendrá que preocuparse tanto por la pasión de sus seguidores, al menos mientras dure el susto de Estelí.

La seguridad al máximo

Todos quieren evitar otro “Domingo 18” Wilder Pérez R. Luego de los trágicos sucesos de aquel fatídico 18 de abril en el Estadio Independencia, de Estelí, las autoridades competentes se han dado a la tarea de garantizar la máxima seguridad en los juegos de futbol. Dos semanas después que una explosión de pólvora dejara sin […]

  • Todos quieren evitar otro
    “Domingo 18”

Wilder Pérez R.

Luego de los trágicos sucesos de aquel fatídico 18 de abril en el Estadio Independencia, de Estelí, las autoridades competentes se han dado a la tarea de garantizar la máxima seguridad en los juegos de futbol.

Dos semanas después que una explosión de pólvora dejara sin antebrazos y sin un ojo al fanático esteliano Reynaldo Galeano, y causara quemaduras en distintos grados a 18 personas más, entre ellas a dos menores de edad, en el Independencia pudo verse el preludio de lo que será la extrema seguridad que regirá en los próximos partidos.

Antes de que ingresaran los fanáticos al Independencia, a partir de las 1:30 p.m., ya el edificio había sido revisado en todos sus rincones. Incluso las calles que rodean el estadio fueron cerradas desde temprano por la Policía Nacional.

Así, el juego entre la selección nacional de futbol contra su homóloga de Bermudas ese día, no sólo sirvió para el fogueo de La Azul y Blanco, sino también para experimentar las nuevas medidas de seguridad tomadas en la ciudad de Estelí, frente a un juego multitudinario.

Según la información obtenida el propio día del encuentro, en ese partido hubo 226 efectivos de la Policía Nacional resguardando a los visitantes dentro y fuera del terreno, entre ellos 60 de los conocidos antimotines.

Además, participaron 30 bomberos, tanto voluntarios como de la Dirección General de Bomberos, y una cantidad similar de miembros de la Cruz Roja Nicaragüense, quienes se coordinaron para actuar simultáneamente por cualquier eventualidad.

Los bomberos, cuya estación se encuentra detrás del estadio esteliano, esta vez se prepararon con más de un vehículo para emergencia, así como la Cruz Roja, que ahora tenía dos ambulancias listas para el socorro.

CONCIENCIA

Lamentablemente esa conciencia despertó hasta después de la catástrofe. No obstante, alcanzó a cubrir a la fanaticada nacional. Los “Kamikazis”, barra brava del Real Estelí, juran que no vuelven a llevar pólvora a ningún estadio.

Y para muestra, el agua. Ese líquido, expulsado por mangueras de bomberos desde fuera del estadio, sustituyó al humo polvorín en el partido Nicaragua-Bermudas. La idea fue excelente, porque además de hacer coreografía con los chorros, la brisa daba un toque de fantasía medieval sobre las tribunas.

EL FANTASMA

Aquella escena de Reynaldo Galeano con sus antebrazos desbaratados y sin su ojo izquierdo, inmediatamente después de estallarle la bomba, no se borrará fácilmente del mundo deportivo nicaragüense.

No se trataba de un atentado, ni de un pleito de barras, ni de un desquite, sino de una imprudencia que a cualquiera puede sucederle. Ese temor permanece como un fantasma gritando advertencias en las mentes de los fanáticos.

Las autoridades prohibieron cualquier tipo de explosivos en los estadios, incluyendo los tanques de gas licuado de los carritos de hot-dogs. Pero al menos por ahora, no era trascendental, el público no quiere arriesgarse.

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