Adolfo Olivas Olivas
Fátima Yelina Vanegas es una de las decenas de bailarinas y bailarines de polkas, mazurcas y folclor nicaragüense que participan en un adiestramiento de tres meses para convertirse en instructora de danza regional y folclórica.
Los participantes en la capacitación son integrantes de grupos de danza estelianos, en su mayoría de centros de estudios y de universidades, mediante el respaldo de la Red de Jóvenes de Estelí y de instructores nacionales, a fin de mejorar su calidad danzaria.
“De mis 19 años, 10 de ellos los he dedicado al baile de mazurcas, polkas y música folclórica nacional. También he bailado danza contemporánea”, afirma Fátima Yelina quien frecuentemente hace demostraciones de sus habilidades artísticas en actividades culturales.
Esta bailarina opina que es necesaria la tecnificación de los grupos de danza estelianos para conservar este arte heredado por los primeros pobladores de la región.
“Es una forma de rescatar nuestra cultura, mantener nuestra salud mental y además es muy bonito bailar. Toda persona tiene un artista en su interior, entonces tenemos que darnos a conocer”, expresa Fátima Yelina, quien cursa el tercer año de la carrera de Relaciones Internacionales.
PARTICIPANTES
Rosa María Vanegas, directora de la Casa de Cultura Leonel Rugama, indicó que en los cursos de adiestramiento participan 38 personas, que reciben clases los viernes, sábado y domingo, hasta llegar a cumplir tres meses de capacitación.
“Los bailarines y bailarinas que están participando en este curso de capacitación saldrán con conocimientos, habilidades y prácticas en folclor, técnicas modernas y composición coreográfica”, explicó Vanegas.
CONSERVACIÓN DE LA DANZA
Desde los tiempos de su fundación la danza folclórica y regional forma parte de la historia de Estelí. Entre la danza más antigua se destaca el ardoroso baile de la zarabanda, superado a través de los años por las polkas y mazurcas.
La zarabanda eran piezas musicales danzantes de estilo mestizo que los nativos utilizaban para desahogarse de los sufrimientos provocados por los conquistadores españoles y al mismo tiempo celebrar sus victorias sobre sus enemigos.
La zarabanda superaba los movimientos del baile costeño Palo de Mayo, motivo por el cual fue prohibida en el siglo XIX por la Iglesia Católica, al considerarla “morbosa, profana y deshonesta”.
Durante la conquista española se convirtió en un baile de protesta y los nativos embriagados con chicha bruja realizaban movimientos atrevidos, sensuales y eróticos para espantar los malos espíritus. Su nombre se origina del alboroto que escenificaban los primeros pobladores de Estelí.
Al salir de escena la zarabanda, los últimos cien años han predominado en Estelí y sus alrededores, las polkas, mazurcas, jamaquellos, sones, zapateados, valses y otras tonadas norteñas que todavía perduran en el concierto de la danza, gracias a la recopilación del cantautor regional don Felipe Urrutia Delgadillo.